19 mar. 2012

Reimaginando una Libranda imposible

Ayer, durante la charla de #ebookspain, se me ocurrió la posibilidad de crear un repositorio de contenidos digitales (específicamente libros, que es el tema que nos ocupa) más abierto y, sobre todo, más justo para los lectores.

Primero, aclararé por qué me refiero a Libranda y no a Amazon: en mi opinión, es la industria editorial quien debería impulsar esta nueva plataforma de venta, no empresas tecnológicas, ni grandes almacenes, ni telecos. Editoriales. El motivo es muy simple: reducir el número de intermediarios entre el autor y el lector y ahorrarse así una buena parte del porcentaje que se llevan los canales digitales de distribución. Libranda era un buen primer paso que tuvo dos errores principales: la comunicación, porque era una plataforma no enfocada a los lectores, sino a las librerías, y el DRM de Adobe, que obliga a una dantesca serie de pasos intermedios antes de poder leer tranquilamente el libro que hemos comprado.

Todo podría haber sido más fácil si las editoriales que montaron Libranda (RHM, Santillana y Planeta, principalmente) se hubieran decidido por un esquema de venta directa al lector y por un esquema de DRM abierto. No se eligió la venta directa desde el principio porque las editoriales no querían dejar de lado a los libreros. No se eligió el DRM abierto… no tengo ni idea de por qué, no trabajo en Libranda. Supongo que porque quizás no sea muy conocido, porque quizás los de Adobe les vendieron que su DRM era el más seguro… aparte del problema que Juan Luis comenta en su artículo, grabar las claves en los dispositivos. Lo que me lleva al alegre punto número dos.

- Hace tres o cuatro meses, quizá menos, Casa del Libro, FNAC, Movistar y El Corte Inglés se lanzaron a comercializar e-readers asociados a sus tiendas (por cierto, algo que no entiendo aún es que FNAC no comercializara Kobo aquí, como hacen en Francia). Otra vez, no son las editoriales quienes mueven ficha, sino dos librerías, una teleco y El Corte Inglés. La diferencia es que, esta vez, tres de estos cuatro venden el mismo lector, un BQ (ECI vende su marca, Inves). No creo que hubiera sido muy difícil que esta empresa hubiera implantado esas claves privadas de GnuPG en los dispositivos antes de ponerlos a la venta. Y ya, echando la imaginación a volar, podría haberse fusionado ese concepto de lector con encriptación incorporada con la Libranda con DRM estándar y abierto, en lugar de montar cada empresa su propia tienda.

Para acabar, una última reflexión, más utópica si cabe, a raíz de un artículo de Richard Stallman sobre las diferencias entre comprar libros físicos y digitales: el problema de comprar anónimamente. Para solucionarlo, esta tienda ideal tendría soporte para Bitcoin, lo que permitiría el pago anónimo, además de sin comisiones (o casi).

Todo esto es una utopía, pero puestos a pedir, que no quede. De hecho, lo mejor es que esta tienda fuera global, abierta a todos los editores que quisieran unirse, no solo europea como propone Javier Celaya.

http://bestenberg.wordpress.com/

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