15 nov. 2011

La biblioteca pública, ¿otro ’lujo’ que no nos podemos permitir?

El autor, profesor de la Universidad Complutense, hace un llamamiento para que las bibliotecas sigan siendo públicas. Un derecho a la cultura recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25) y que se encuentra amenazado en el momento actual. Las bibliotecas, "en épocas de crisis, sirven de refugio a millones de ciudadanos", explica, entre otras cosas, este artículo.

La crisis a la que nos ha conducido el capitalismo de casino que vivimos va acompañada de un discurso reaccionario según el cual parece ser que es muy costoso mantener los derechos de los ciudadanos. Así, el trabajo decente es un privilegio, según nos recuerdan continuamente; la sanidad y la educación han pasado a ser un lujo insostenible de ciudadanos consentidos por gobiernos bondadosos que nos han estado manteniendo a la sopa boba; los funcionarios, una carga insoportable; las pensiones, en el futuro no podrán mantenerse. El derecho a la cultura y a la información, en este contexto, ya parece un lujo extravagante.
Se trata de un ataque al Estado del bienestar que viene ya de lejos y que se sustenta en una serie de falacias que autores como Vicenç Navarro han ido desmontando. En España el nivel de gasto social está por debajo de la media de la Europa de los 15, los países de “nuestro entorno” con los que debemos medirnos (España tiene un nivel de riqueza del 94% del promedio de la UE-15 y su gasto público social es sólo un 74%, según publicaba Navarro hace unos días); lo mismo ocurre con el número de funcionarios y otros indicadores del estado del bienestar, estado que es producto de una serie de luchas históricas para conseguir unos derechos sociales que permitan un nivel de vida digno, como proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25).
Los derechos económicos, sociales y culturales no son ningún lujo, sino una exigencia a la que no podemos renunciar si queremos pertenecer a una sociedad democrática. Y en una sociedad democrática no estaría mal que las prioridades económicas y la distribución de ingresos y gastos fueran cuestiones en las que la ciudadanía tuviera algún papel, y no sólo esos dos entes que se han convertido en la gran coartada: “Europa” y “los mercados”.
Según la Constitución Española, tantas veces invocada cuando interesa e ignorada también cuando interesa, “la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (art. 128.1). El ataque al Estado del bienestar y la crisis económica y social provocada por prácticas económicas irresponsables socialmente, por políticas económicas erradas y por la ideología neoliberal, van enviando a millones de personas a engrosar las cifras de pobreza (¡casi 9 millones de pobres ya en nuestro país!) y exclusión social.
Precisamente este escenario de crisis debería conducir a políticas de ayuda y protección a los sectores más vulnerables. Uno de los instrumentos más eficaces para ayudar a estos sectores es la educación, que, como estamos viendo va hacia un modelo de beneficiencia para las capas de menor poder adquisitivo, anulando así su potencial para ayudar a que las personas puedan llevar a cabo sus proyectos vitales. Y muy directamente relacionadas con la educación están las bibliotecas públicas, que protegen los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación para toda la población. Como no podría ser de otra forma dentro del modelo que se quiere imponer de “sálvese quien pueda”, las bibliotecas públicas también están sufriendo recortes inadmisibles de presupuestos, de horarios y de personal. Sin embargo, en épocas de crisis, las bibliotecas públicas sirven de refugio a millones de ciudadanos que tienen bajo nivel adquisitivo y, por consiguiente, pocos recursos.
LA FUNCIÓN SOCIAL Y EDUCATIVA DE LAS BIBLIOTECAS
En febrero de 2010 se redactó la Declaración de Murcia sobre la Acción social y educativa de las bibliotecas públicas en tiempo de crisis. En ella se dice que las bibliotecas cumplen una función social y educativa en todo momento, pero, “particularmente, pueden ser un recurso fundamental de inclusión y promoción social cuando la crisis económica incrementa el número de personas en paro, precariedad laboral, vulnerabilidad o exclusión social”. En épocas de crisis especialmente “hay que transmitir y hacer que la sociedad conozca la función de la biblioteca como institución de formación permanente, inclusión social y puerta de acceso a la sociedad de la información para todos”. Además, se dice, “la biblioteca debe atender especialmente las necesidades inclusivas y educativas de las personas y colectivos más vulnerables”.
Hace unas semanas el profesor José Antonio Gómez (Universidad de Murcia) decía en un foro de discusión: “Nos necesitan [refiriéndose a las bibliotecas] los cinco millones de personas en situación de desempleo, la mitad de la población española sin acceso a Internet en su hogar, los casi ocho millones de alumnos de la Educación obligatoria o más del 20% de la ciudadanía que se encuentra por debajo del umbral de la pobreza”.
No podemos seguir aceptando el discurso que sugiere que los derechos sociales no son derechos humanos, o bien que son para épocas de vacas gordas. Precisamente en épocas de crisis es cuando los derechos sociales son más necesarios, ya que son derechos solidarios y su función es garantizar un nivel de vida digno a todo ser humano, además de dar oportunidades a las capas más desfavorecidas. De hecho, en la crisis de 1929 los servicios públicos, concebidos precisamente para atender los derechos sociales, pasaron de ser un paliativo de los fallos del mercado a ser un instrumento de regulación del capitalismo.
La biblioteca es un servicio esencial para ejercer los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación, sin los que el ciudadano no puede participar en la vida social y cultural. La crisis económica no debe ser una excusa para recortar presupuestos destinados a ella, sino un motivo para fortalecerla, si no queremos volver al modelo de beneficiencia del siglo XIX, cuando los pobres no tenían derecho a nada, sino que recibían la vergonzante caridad de los ricos. La biblioteca pública es un derecho que debemos defender sin el menor titubeo
* Pedro Lópe López es Profesor de la Universidad Complutense Miembro de la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas

28 oct. 2011

El libro: un proceso, un subproducto, una conversación

Jeff Jarvis | BuzzMachine
Megan Garber, de Nieman Lab, ha escrito un post maravilloso sobre la naturaleza de los libros y la conversación, utilizando como ejemplo mi libro. Es, como ha dicho Jay Rosen, demasiado bueno para resumirlo. Así que por favor, leedlo.
Me encanta el artículo de Garber, no sólo porque dice que “el 90 por ciento de las críticas de Morozov son totalmente injustas”, refiriéndose a algo que se supone es una crítica de mi libro. También me gusta porque Garber ofrece la crítica más seria de mi libro hasta la fecha.
Escribí un libro sobre compartir. Pero un libro es una mala forma de compartir.
El libro, dice Garber, está “diseñado para adelantar libros dentro del mercado, más que como un mercado de ideas. Está dirigido a la publicidad más que a lo público, a vender objetos más que a impulsar los argumentos que contienen”.
Garber tiene razón. Confieso mi hipocresía por escribir mis dos libros sobre otras bases: no los he hecho digitales, cliqueables, corregibles, enlazables... Los hice para que me pagasen, publicasen, promocionasen y distribuyesen (aunque con el cierre de Borders esa última función es menos valiosa). Garber apunta como atenuante que he compartido mis ideas sobre lo público en mi blog antes de escribir el libro.
 “El profesor ha estado predicando sobre lo público durante años (en Buzzmachine, en su columna de The Guardian, en conferencias, en televisión, Twitter, la radio, sus Tumblr). Si sigues a Jeff Jarvis, sigues Public Parts. Has visto cómo se han ido formando con el tiempo sus pensamientos sobre lo público. El libro que ha resultado de ese proceso público (el artefacto privado) es secundario. Es el resultado comercial de una misión comunitaria”.
Está siendo demasiado blanda conmigo. Mientras escribía el libro sí compartí y discutí muchas de las ideas en mi blog. Eso puede ser una forma de colaboración y edición. Pero no hice lo suficiente, en lo que a mi respecta. Estaba tan ocupado investigando, escribiendo y editando el libro que me olvidé del blog.
Tal y como apunta Garber, en Public Parts digo que debería de intentar hacer que mi siguiente proyecto (si es que decido asumir alguno) sea distinto.
 “Al final de Public Parts Jarvis menciona que su siguiente proyecto quizás no sea un libro, sino un ‘libro sin un libro’: una serie de eventos públicos ‘godinescos’ celebrados en persona y online. ‘El libro’, escribe Jarvis, ‘si es que lo hay, será un sucedáneo, y quizás una herramienta de marketing para otros eventos.
El libro, si es que lo hay. El libro, un subproducto. Imaginad las posibilidades”.
Todavía estoy trabajando en qué podría ser. Así que dejadme que comience el proceso y que exponga mis primeras ideas aquí para escuchar lo que pensáis al respecto.
Empiezo por el artículo de Kevin Kelly en 2006 en The New York Times Magazine en donde plantea que los autores se acabarán apoyando en actuaciones (y la reacción asombrada de John Updike a ese “escenario bastante espeluznante”). Yo sugiero que los autores se conviertan en actores después de hacer sus libros.
Estoy sugiriendo, tal y como hacer Garber, que las charlas, los eventos, congresos, blogs, reuniones... (cualquier tipo de debate con gente inteligente) deben de realizarse antes del libro. El proceso se convierte en el producto; el libro (si lo hay) es un subproducto.
Pongo un ejemplo: hace tiempo que quiero explorar el impacto de una idea sencilla, que la tecnología conduce ahora hacia la eficiencia, por encima del crecimiento. He escrito varios post sobre ello. El debate ha sido asombroso por su inteligencia, perspectiva y generosidad. Mejoró aún más cuando el fundador de Y Combinator, Paul Graham, escribió sobre ello en Hacker News preguntando qué hace diferente a esta revolución (la digital frente a la industrial). Hubo respuestas increíbles. Me llevó varias horas leerlas todas, tomando muchas notas.
Eso hizo que me decidiese a proponer el tema como una conferencia de South by Southwest. Si la aceptan, tendré una fecha límite para mi investigación. Pero mientras tanto quiero (no, necesito) más conversaciones al respecto.
Eso me lleva a una idea para un nuevo negocio. No quiero realmente iniciarlo o gestionarlo. Tan sólo desearía que existiese para así poder usarlo.
Llegó la hora de cambiar el negocio de las conferencias y las charlas y dar alguna medida de control a los que intervienen (también conocidos como autores) y a su público (antes conocidos, como diría Jay Rosen, como audiencias). Deseo que haya una forma de apoyar el trabajo de autores y pensadores, apoyo en forma de debate, atención y colaboración, además de dinero.
Así que imaginaos esto: los autores deciden celebrar su propio evento. Si tienes la marca y la popularidad de, por ejemplo, Seth Godin (o, en el terreno de las ventas, de Jeffrey Gitomer), puedes llenar fácilmente un gran auditorio con seguidores. Cada uno de ellos podría hacerlo. Pero tipos como yo ni tenemos la marca ni el poder promocional para hacerlo. Así que digamos que me junto con uno o dos autores más y proponemos un evento para debatir sobre lo que estamos haciendo.
Kickstarter parece una plataforma ideal para descubrir si hay suficiente demanda para apoyar una reunión de ese tipo, al menos para empezarla. Si se inscriben suficientes personas, los autores pueden alquilar un espacio: no hay riesgo. La empresa con la que sueño se encargaría de la logística a cambio de una tarifa. También podría ser una plataforma para grupos que se quieren reunir, organizar conferencias sin organizadores de conferencias.
El evento, desde mi punto de vista, no trata de darle discursos a la audiencia, sino de conversar. El autor necesita aportar valor: una presentación, una charla, un conjunto de ideas o de desafíos. Pero lo que yo busco es la conversación; ir más allá en el desafío de las ideas y reunir perspectivas. El evento se podría retransmitir a través de streaming a un público más amplio. Podría ser grabado y compartido online para difundir a través de blogs, Google+, Twitter, Facebook, YouTube y demás.
Adviértase que no se trata de contener las ideas, sino de compartirlas. Eso es de lo que hablamos Garber y yo.
¿Hay un libro? ¿Por qué debería de haberlo? Porque un libro puede recoger las ideas y la investigación que surge de este proceso. Puede aportar la disciplina que el formato (y un buen editor, como el mío) exige. Puede difundir las ideas aún más allá, a mucha más gente que no quiso sumarse al proceso y a la conversación.  Puede hacer que las ideas duren más (en Public Parts cito a la especialista en Gutenberg Elizabeth Eisenstein, cuando dice que la Biblia de Gutenberg ha resultado ser un depósito de datos mucho más duradero que el disquete de ordenador).
Si hay un libro ¿se imprime? Esa posibilidad decrece día a día. Así que si sólo es electrónico, puede tener un formato diferente, incluyendo vídeos del proceso, fotos y gráficos para ilustrar algunos puntos y enlaces permanentes para apoyar la conversación que tiene lugar en internet.
Así que de nuevo volvamos a la disculpa por el libro que no hice en “What would Google do?” (digital, cliqueable, con enlaces, editable, actualizable y parte de una conversación). Hay algunos problemas: las conversaciones pueden ser invadidas por trolls. No hay una certidumbre económica. Se pueden dar pasos equivocados.
Pero ¿podemos acercarnos al ideal de Garber? Bueno, lo sabremos cuando lo veamos. Pero si seguimos este camino, tenemos un modelo frente al que medirlo: el que Garber establece en su gran post.
 “Nuestras asunciones sobre la propia información están cambiando, modificando ‘las noticias’ de una mercancía básica a una comunidad, de un producto a un proceso. Los mismos cambios que han trastocado al sector de las noticias inevitablemente cambiarán al sector del libro. Public Parts ofrece cierto atisbo de lo que puede ocurrir. Los libros como comunidad. Los libros como conversación. Los libros como ideas que evolucionan a lo largo del tiempo (ideas que giran, cambian e inspiran) y que, como tal, tienen el potencial de impactar viralmente”.
¿Pueden los libros hacerse virales? Lo pregunta Garber. Quizás, si se les permite ser más que libros.

Fuente: http://233grados.lainformacion.com

26 oct. 2011

¿Por qué leer a través de Internet no es lo mismo que leer un libro?


Leer textos a través de Internet, mayormente hipertextos, no parece ser lo mismo que leer un texto fuera de Internet, mayormente un texto plano. Sobre todo si nuestra intención es aprender.
La intuición parece decirnos lo contrario: si la cuestión es aprender, lo mejor parecer ser que el texto esté jalonado de vínculos que enlacen con otras páginas, así se conseguirá una suerte de conocimiento interconectado, global, orgánico, de perspectiva múltiple, etc.
Pero la investigación sugiere, en base a los efectos cognoscitivos del hipertexto, que éste no es ninguna panacea para la educación del futuro. El mayor handicap es que el la propia estructura del hipertexto dificulta la lectura: implica la realización de tareas muy exigentes ajenos al acto de leer en sí mismo, tal y como señala Nicholas Carr en Superficiales:
Descifrar hipertextos es una actividad que incrementa sustancialmente la carga cognitiva de los lectores; de ahí que debilite su capacidad de comprender y retener lo que están leyendo. Un estudio de 1989 demostró que los lectores de hipertextos a menudo acababan vagando distraídamente “de una página a otra, en lugar de leerlas atentamente”. Otro experimento, de 1990, reveló que los lectores de hipertextos a menudo “no eran capaces de recordar lo que habían leído y lo que no”. En un estudio de ese mismo año, los investigadores hicieron que dos grupos de personas respondieran a una serie de preguntas mediante consultas a un conjunto de documentos. Un grupo consultó documentos electrónicos dotados de hipertextos, mientras que el otro consultó documentos tradicionales impresos en papel. El grupo que consultó documentos impresos superó en rendimiento al grupo dotado de hipertextos a la hora de completar su tarea.
Podríamos pensar que el hipertexto requiere más carga cognitiva porque no estamos habituados al hipertexto. Es decir, que con el transcurrir de los años, la gente se acostumbraría a la arquitectura del hipertexto. Pero no ha sido así. Los efectos continúan nocivos de leer hipertextos siguen siendo idénticos: los lectores de texto lineal entiende más, recuerda más y aprende más que aquellos que leen texto salpimentado de vínculos dinámicos.
En 2005, Diana DeStefano y Jo-Anne LeFevre, psicólogas del Centro de Investigación Cognitiva Aplicada de la Universidad de Carleton (Canadá), sometieron a revisión exhaustiva nada menos que 38 experimentos ya realizados en relación con la lectura de hipertextos.
La mayoría de las pruebas indicaba que “las crecientes demandas de toma de decisiones y procesamiento de la lectura”, especialmente en contraste con “la presentación lineal tradicional.” Concluyeron que “muchas prestaciones del hipertexto aumentaban la carga cognitiva, pudiendo exigir mayor memoria de trabajo de la que tenían los lectores.”
Otra cosa es que pedagógicamente se convenga que los contenidos bien diseñados, donde se combinan explicaciones o instrucciones auditivas y visuales, puedan mejorar el aprendizaje del lector. Eso se sostiene porque nuestros cerebros usan canales diferentes para procesar lo que vemos y oímos. Internet, sin embargo, no ha sido diseñada por educadores para optimizar el aprendizaje: todo se presenta de forma desequilibrada, de una forma que no deja de fragmentar la concentración.
La Red es, por su mismo diseño, un sistema de interrupción, una máquina pensada para dividir la atención. Ello no resulta sólo de su capacidad para mostrar simultáneamente muchos medios diferentes. También es consecuencia de la facilidad con la que puede programarse para enviar y recibir mensajes. La mayoría de las aplicaciones de e-mail, por usar un ejemplo obvio, están configuradas para comprobar automáticamente si hay nuevos mensajes cada cinco o diez minutos; y muchos usuarios actualizan rutinariamente, con el mismo fin, la bandeja de entrada, por si esta frecuencia no fuera suficiente. (…) Más allá de la influencia de los mensajes personales (no sólo por e-mail, sino también instantáneos o los telefónicos), la Web nos suministra cada vez más notificaciones automáticas.
Internet, pues, exige multitarea mental continua. Y además nos gusta, nos produce placer que se nos interrumpa con nuevos eventos y noticias. Para nuestro cerebro, este tipo de información anecdótica es adictiva. Y el hipertexto alimenta esa adicción. Interrumpiéndonos. Dificultando la lectura de textos lineales sostenidos que precisan de concentración.
Así que no siempre es lo mismo leer a través por Internet que leer un libro. Aunque todos quisiéramos que fuera así.
Si queréis profundizar en este tema, de cómo Internet nos vuelve más tontos pero también más inteligentes (según el tipo de inteligencia que estemos midiendo), os recomiendo otro artículo que escribí al respecto en la revista Mètode, de la Universidad de Valencia. Y, por supuesto, el libro de Nicholas Carr Superficiales.
Y espero que los hipervínculos del texto no os hayan distraído demasiado.

18 oct. 2011

29 sept. 2011

Una medida justa para promover el hábito de lectura


«Tenemos que hacer que los libros vuelvan a molar. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles.» John Waters.

26 sept. 2011

La mujer que revolucionó el concepto de librería

David González | aviondepapel.tv


Adrienne Monnier se suicidó el 18 de junio de 1955. Padecía el síndrome de Ménière. Un pitido taladraba constantemente su cabeza. Los papeles que se encontraron tras su muerte se compilan hoy en Rue de l´Odeón (Gallo Nero, 2011). Este libro es una pequeña autobiografía que muestra la vida y trayectoria de una mujer emprendedora, que acometió la aventura de fundar una librería, en un tiempo en el que la palabra librera estaba vinculada más a las viudas o a las herederas de los libreros.

El establecimiento lo abrió en la Rue de l´Odeón, justo en el Barrio Latino de París. Lo llamó La Maison des Amis des Livres, un nombre ya mítico para el gremio librero. Era 1915. Poco después, la Primera y la Segunda Guerra Mundial devastarían Europa.

La Maison des Amis des Livres se convirtió en lugar de encuentro de escritores cuyas obras pasaron a la universalidad de la literatura: Paul Valèry, Samuel Beckett o Ernest Hemingway, por ejemplo, frecuentaron el local. Sin embargo, el establecimiento no sólo logró fama por ello, sino también porque Monnier revolucionó, a su manera, el concepto de librería.

En Rue de l´Odeón, por ejemplo, se narra cómo en 1917 Monnier organizó su primer encuentro poético sobre la obra de Paul Valèry. Era una tarde de invierno y en La Maison des Amis des Livres se darían cita Léon-Paul Fargue, André Gide y un André Bretón, precursor del surrealismo, aún en uniforme militar. La guerra no había terminado y la lectura de poemas comenzó bajo la tenue luz de unos candelabros.

Aquellos encuentros literarios no fueron la única marca de la casa de La Maison des Amis des Livres en los años posteriores de entreguerras. Monnier también se percató de que los tiempos habían cambiado. Después de la primera contienda mundial, los libros eran caros y la gente no los compraba como antaño. Asimismo, los libreros tenían que competir con los gabinetes literarios (centros con préstamo de libros), con la radio y con los semanarios de literatura.

“No teníamos mucho dinero, detalle que nos obligó a especializarnos en la literatura `de la época´. Apenas abrimos con 3.000 volúmenes, mientras que algunos gabinetes de lectura se anunciaban con hasta 100.000 libros”, escribió Monnier.

Además de esta cuidada selección de títulos y autores nuevos, la librera también apostó por una venta híbrida. Así, La Maison des Amis des Livres desplegaba en su entrada un tenderete de libros de segunda mano y de saldo.

Asimismo, Monnier fue contra la doctrina dominante de que el préstamo mataba la compra. Los gabinetes literarios prestaban libros a cambio de una cuota y ella quiso emular el sistema. Su librería decidió crear un abono de lectura para prestar novelas y poemarios. Sus clientes se llevaban un ejemplar, lo leían y, luego, si les gustaba, lo adquirían.

“Resulta casi inconcebible comprar una obra sin conocerla. (…) Toda persona de cierta cultura experimenta la necesidad de tener una biblioteca particular compuesta por libros que le gustan”, explicaba Monnier en sus escritos.

“Después de la guerra se editó demasiado. La especulación es la causa de todos los males. ¿Es el uso del préstamo lo que ha mermado las compras? La gente como nosotras no tiene razón para afrontar con pesimismo el futuro del libro: la élite no ha disminuido, más bien al contrario”, profetizaba Monnier en Rue de l´Odeón.

Otra de las iniciativas de Monnier fue lo que ahora se llama estrategia vertical. Aquella librera primeriza maduró y creó varias editoriales para traducir libros extranjeros. Por ejemplo, ella fue quien introdujo la obra de Hemingway a los lectores franceses o quien logró que Samuel Beckett tradujera Finnegans Wake, de James Joyce.

Toda aquella pasión por los libros culminó un 18 de junio de 1955. La Maison des Amis des Livres cerraba unos años antes de la muerte de su fundadora, tras tres décadas de actividad literaria.

“Pongo fin a mis días al no poder soportar más los ruidos que me martirizan desde hace ocho meses”, escribía antes de su suicidio.

24 sept. 2011

¿Por qué no despega el libro electrónico?

por Rubén J. Lapetra.-  24/09/2011
 
La industria del libro se derrumba. Las imprentas han perdido la alegría a la hora de producir, mientras las editoriales realizan cada vez menos pedidos y de tiradas más cortas. Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), las librerías españolas publicaron 76.000 títulos durante el año pasado, un 4% más que en 2009. Sin embargo, la producción editorial bajó hasta 132,1 millones de ejemplares editados en 2010  frente a  los 183,9 millones en 2009,  un 28,1% menos y a gran distancia de los 255 millones de libros impresos en 2008, antes de la crisis. Son los datos del INE.


Con este escenario desolador, el libro electrónico -llamado a ser su sustituto y salvador de la industria- no termina de arrancar en nuestro país. Los obstáculos pueden ser muchos. Hay que nombra a los grandes sellos editoriales como freno de su desarrollo, otros a la legislación y los derechos de autor, la falta de cultura y hábitos del lector con este nuevo soporte, o, incluso, otros señalan al propio soporte como el gran muro para este nuevo sistema de distribución. Mientras tanto, el negocio editorial sigue desangrándose después de llegar a facturar más de 3.000 millones de euros antes de la crisis. Al igual que ha ocurrido con otros (DVD, CD, prensa...), la red y el soporte digital terminarán por imponerse más pronto que tarde, según los expertos.

La industria y el cambio tecnológico

¿Por qué el libro electrónico sigue dormido en España? La reciente llegada de Amazon, la mayor librería del mundo y productor del reproductor Kindle, sin libros y obras en este formato ha reabierto el interrogante sobre los obstáculos que debe salvar el libro digital para implantarse, especialmente, tras no lograr acuerdos con grupos nativos. "El mayor obstáculo a la popularización del libro electrónico es, sin duda, el comportamiento de la industria editorial en nuestro país. Ante una demanda indudablemente creciente, la industria ha optado por una reacción lenta, que ha generado una ausencia de títulos y canales absurda e innecesariamente intermediados, dando lugar a un mercado desabastecido", explica Enrique Dans, profesor en el Instituto de Empresa, autor de varios libros y de uno de los blogs más influyentes sobre tecnología.

"Tras generar dicho desabastecimiento -continúa Dans-, el comportamiento de las editoriales ha sido manifestar su preocupación por la orientación de los usuarios hacia las redes P2P y otros mercados irregulares mientras reclamaban una legislación más contundente en ese sentido. (..)  Si añadimos factores como políticas de precio poco atractivas que no reflejan el ahorro real en costes, y una absurda política fiscal que grava injustamente al libro electrónico, la receta para el desastre resulta evidente: una industria editorial que para protegerse de una evolución tecnológica obviamente inevitable, atiza una bofetada en la cara de sus clientes, los califica de "ladrones", y pretende que sigan esperando tranquilamente y sin hacer nada a que ellos tengan a bien atender su mercado de una manera razonable".  

El papel de los fabricantes de e-readers

Pero internet, como canal de distribución, apenas alcanza una cuota de mercado del 1,6% en España, incluyendo a grandes superficies y quioscos. Eso sí, crece a ritmos del 100%. En 2009 facturó 51 millones de euros frente a los 20 millones de 2008, según datos de la FGEE (Federación de Gremios de Editores). De esta cifra se excluyen establecimientos especializados en libros, ya que el editor no sabe con certeza si el origen y destino de la compra se ha realizado por internet, presencial o por correo.

En opinión del experto Manuel Gil, director en Ediciones Siruela, los obstáculos para la llegada del libro electrónico son tecnológicos y de inversión.  "Para digitalizar un libro en numerosos casos debes hacer una lista con cinco. En multiples casos no dan los derechos digitales el traductor, el autor, el agente, el ilustrador, etc. De aquí se deriva una lentitud exasperante a la hora de incrementar el fondo digitalizado. Las inversiones en digitalización, en una época de crisis, deben ser muy meditadas debido a que tienen un retorno muy diferido en el tiempo. La inversión que muchos editores están realizando no es previsible recuperarla hasta dentro de dos o tres años", explica.

El dominio, a día de hoy, permanece  en los libros físicos y de las compañías nativas como Planeta o Santillana (Prisa), entre otras. Según un estudio de Inmark, para la FGEE, en España existían antes de la crisis 33.000 puntos de venta de libros. El 15%, las clásicas tiendas de libros, es el más activo con las nuevas tecnologías y la venta online. El precio medio del libro vendido en España se sitúa en los 13 euros por ejemplar y la oferta se sitúa por encima de las decenas de miles, según datos de FGEE en 2009, aunque sólo unos pocos autores como Stier Larsson (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina), Carlos Ruiz Zafón (La Sombra del Viento), Ken Follet (Pilares de la Tierra), Stepahnie Meyer (Crepúsculo) copan la mayoría de las ventas.  ¿Es cuestión de precio, de oferta o de soporte? 

Por otro lado, Gil considera que no existe una verdadera cultura digital en España y señala también a los fabricantes como responsables de que no haya la necesidad de leer en digital no es masiva. "Es mucho más una imposición de la industria de la cacharrería digital y sus gurús. El mercado de las descargas (mañana será nube) hoy representa una facturación absolutamente marginal. La adquisición de soportes a 300 euros de media es prohibitiva para franjas enormes de chavales. Cada español gasta al año 27 euros en libros no de texto. La adquisición de un soporte de lectura digital debe iniciar un proceso muy rápido de descenso de precios si quiere ganar en penetración entre los jóvenes", concluye.

http://www.elconfidencial.com/

19 sept. 2011

Las 10 impertinencias que un editor no soporta de los escritores

06:00h | David González | aviondepapel.tv

En su ensayo `Oficio de Editor´, Mario Muchnik elabora una socarrona lista de actitudes que ejecutan los escritores durante el proceso de edición de su libro. Manuscritos siempre inacabados, intentar colocar la novela de un amigo o no aceptar cambiar ni una coma del texto serían algunos de esos comportamientos. En su ensayo, Muchnik los titula bajo el epígrafe de `Hay autores que son una paliza´.

En ciertos círculos del mundillo literario, el rol del editor se equipara más a la figura de un mercader que a la de un artesano. Y es extraño, porque en otras disciplinas como la música o el cine, su homólogo, el productor, está más valorado.

“Disco producido por” o “una película del productor” de tal taquillazo suelen ser buenos reclamos para seducir al público durante la promoción. En cambio, ningún libro contará en la faja con el nombre del editor: eso no vende.

Quizás, por este motivo, Mario Muchnik no tiene pelos en la lengua. En su ensayo Oficio Editor (El Aleph Editores, 2011), reclama parte de protagonismo para el quehacer editorial. Los editores, sugiere, no sólo mejoran un texto, sino también deciden "el formato del libro, la cubierta, la tipografía, el precio", etc.

Su ensayo autobiográfico es una retrospectiva de cómo aprendió el complicado trabajo de publicar libros. Lo curioso es cuando llegamos a la página 49. Allí encontramos una peculiar lista de comportamientos de escritores que cualquier editor sufre. A este epígrafe, Muchnik lo titula Hay autores que son una paliza.

Ni una coma 
Así, Muchnik ejemplifica que existen escritores que “no admiten que se les toque una coma de su texto”, pese a que el editor cree que si no introduce modificaciones no se comprenderá lo que el autor ha escrito.

La cubierta 
Otro tanto sería el hecho del escritor que intenta “imponer su propia idea de cubierta” del libro.

La traducción 
O también la exigencia del autor extranjero que se entromete en una traducción, “sin saber una palabra de español”, dice Muchnik en su libro.

Erratas 
El autor de Oficio de Editor también señala a algunos escritores que entregan manuscritos sin corregir, para que sea el editor quien haga dicha labor. “Y luego rompen el pacto de fidelidad y se van con quienes les ofrecen condiciones mejores”, añade sobre este asunto.

Escritores fecundos 
Además, este listado del Oficio del Editor enumera otra peculiaridad. Es la de aquellos autores que escriben dos o tres libros por año para que su editorial se las publique: “Ya mismo”, entrecomilla irónicamente Muchnik.

Manuscrito lleno de dudas 
Otro acto insoportable para un editor sería el hecho de que el escritor entregue su manuscrito “y se desentienda”, para que sea la editorial quien se apañe con las posibles dudas que surjan en su lectura.

Obsesión“Los que llaman una o más veces por día para ver qué tal va la producción de su obra”, sería otro de los comportamientos obsesivos de los escritores, según detalla Muchnik en esta breve lista.

Amiguismo
Insoportable para el editor también es el amiguismo, tal y como se desprende de la siguiente reflexión de Muchnik. Así, el editor tiene que sufrir que el escritor proponga manuscritos de sus “amiguetes”, dice.

Última versión 
Quizás uno de las actitudes más repetidas sea también la que Muchnik refleja casi al final de su lista. Es aquella que ejecuta el escritor, casi en fase de impresión. Cuando envía la “última versión” del manuscrito: “una y otra vez”, asevera Muchnik en su ensayo.

Editor rico
A estas nueve –llamémoslas así- impertinencias, se une otra hasta sumar la decena. Es la que nos devuelve la imagen del editor más cercana a un mercader que a un artesano. Mario Muchnik lo expresa así en su ensayo: “Por ejemplo, los [escritores] que van por el mundo convencidos de que el editor se enriquece a costa de ellos”.

En este sentido, Muchnik recuerda al lector que el escritor se lleva un 10% del precio del libro, en concepto de derechos de autor. Mientras, reitera en su ensayo, el editor sólo obtiene el 20% de la facturación, cuantía con la que tiene que soportar “los costes de impresión, gastos generales, impuestos y margen con el que poder vivir”, añade.

Aparte de esta lista de impertinencias, Oficio de Escritor es un libro muy recomendable para descubrir la trayectoria de este físico, fotógrafo y editor llamado Mario Muchnik, desde sus comienzos con Robert Laffont en París, o la publicación de Guerra y Paz en Del taller de Mario Muchnik.

Aquí, encontramos cómo se realiza la labor de lectura de un manuscrito, cómo llega a los comités de lectura, cómo se calcula un presupuesto o cómo funcionan los agentes y los anticipos a los autores.

“La tarea de editar es tan diferente de la de escribir como la de leer. Al autor, que en su tarea suele perder la perspectiva, le conviene escuchar atentamente al editor. El autor tendrá la última palabra, mejor fundamentada después de haber discutido con el editor”. Así es como comienzan los primeros párrafos de este ensayo. 

Oficio de Editor
, en definitiva, corre la cortina y nos deja ver, paso a paso, todos los intríngulis del mundo editorial. Una lectura del ayer de este editor, muy recomendable para aquellos que hoy quieran convertirse en aprendices de brujo de esa profesión.

Ikea cambia el diseño de sus estanterías ante la desaparición inminente del libro físico

Cada vez hay más signos que parecen indicar que el libro, tal y como lo conocemos, va a desaparecer. La última señal viene de la mano de Ikea y es que el fabricante de muebles sueco está cambiando el diseño de su icónica librería Billy, haciendo las estanterías más profundas dándole un aspecto más de vitrina. Y todo porque ya nadie compra esas estanterías para poner libros.
Ikea introducirá una nueva versión de su librería Billy, más profunda, y a la que se podrán incluir puertas de cristal. De hecho, según ha publicado The Economist, Ikea ha reconocido que los clientes cada vez utilizan más estas estanterías para colocar ornamentos, decoraciones y otros objetos de todo tipo, excepto libros.
Aunque no es el indicador definitivo, sí parece que cada vez estamos más cerca del final del libro físico y no es difícil encontrar otros muchos casos similares a esta situación. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste música en un cassette? ¿O qué ha pasado con los enormes equipos de música? Ahora, por mucho que intente resistirse, parece que el libro físico está a punto de correr la misma suerte.
Junto con los libros, probablemente desaparezcan también las librerías, igual que lo han ido haciendo paulatinamente las tiendas de discos. Ahora, sólo queda ver hacia dónde evoluciona toda la industria editorial y cómo se adaptará, o no, a la nueva realidad que parece cada vez más inminente.
 

9 sept. 2011

El e-book ya canibaliza el mercado anglosajón

Las ventas en tapa dura bajaron un 10% mientras el libro electrónico llega al 13,6% en EEUU


El libro de tapa dura, el que reluce en las estanterías, ha entrado en crisis en el mercado editorial anglosajón. Así lo anunciaba hace unos días un reportaje en el diario británico The Guardian, en el que se informaba de una caída en las ventas de hasta el 10% en los libros de este formato en lo que va de año, según NielsenBookScan. Asimismo, también se citaba el imparable ascenso del libro electrónico en el mercado estadounidense, donde ya ocupa el 13,6% de toda la facturación editorial, según la Federación de Editores Americanos.
La asociación de ambas cifras abre el debate sobre cómo la llegada del ebook está influyendo en el comercio del libro en papel. En relación a los datos que se manejan en España, nuestro país aún parece estar lejos del cambio editorial anglosajón. No obstante, ya se vislumbran algunas similitudes, como la caída de las ventas totales hasta en un 7% en 2010, tal y como anunció en junio la Federación del Gremio de Editores de España, y el aumento paulatino de la facturación del libro electrónico en un 37,5% con respecto a 2009, aunque aún supone solamente un 2,4% de los ingresos totales por libros vendidos.
"El ebook es ya un producto comercial y esto afecta a las ventas de otros formatos"
Para André Breedt, de Nielsen, es evidente que "el libro electrónico está canibalizando las ventas del libro físico" en Inglaterra. Y abunda en los datos: mientras que a mitad de 2010 las ventas de los libros de tapa dura llegaron a los 2,8 millones de ejemplares, en 2011 no sobrepasan los 2,6 millones. En términos económicos esto supone un ingreso de 29,7 millones de libras en 2010, frente a los 26,6 millones de 2011.
"Este año, el libro electrónico se ha convertido en un producto bastante comercial en Reino Unido y esto, por supuesto, está afectando a las ventas. Y los usuarios que tienen un Kindleya prefieren comprar un ebook que un libro en papel", señala Breedt, quien observa la tendencia procedente de Estados Unidos. Allí las ventas de ebooks se han incrementado un 1.000% con respecto a los últimos tres años. Para la Federación de Editores Americanos, esto supone un "crecimiento explosivo". La tienda online Amazon, por su parte, sostiene que ya ha vendido un millón de ebooks. Los escritores James Patterson, Stieg Larsson, Suzanne Collins y Lee Child son los autores que copan su lista de ventas.

Un formato de lujo

En la lista de nominados
Además del efecto del ebook, en Gran Bretaña los editores y libreros también señalan la crisis económica como causa del descenso de las ventas del libro en papel. "En malas épocas económicas es inevitable que un producto como el libro de tapa dura tenga una demanda menor", asegura Jonathan Ruppin, de la cadena de librerías Foyles. No obstante, apenas hay una crítica al precio de los libros de este formato, a pesar de que ha subido un 10,9% en los últimos cinco años. En Reino Unido, un libro de tapa dura de ficción cuesta 20 libras y los de no ficción se sitúan entre las 25 y las 30 libras.
Ante la caída de ventas, los editores cada vez prefieren optar por la edición en tapa blanda de los libros. De hecho, según informaba The Guardian, en la lista de nominados al premio Booker de este año, ningún libro había sido editado por primera vez en tapa dura. "Lo más probable es que este formato se haga cada vez más sofisticado y tienda hacia el objeto de lujo", afirma Richard Beswick, de la editorial LittleBrown.
La de lujo puede ser la salida para los libros de tapa dura, los cuales, según los editores, van a ser los que al final menos sufran por la llegada del ebook. "Aquellos que compran este tipo de formato son los lectores a los que les gusta guardar el libro como si fuera un tesoro, por lo que pensamos que los más afectados por el libro electrónico van a ser los editados en tapa blanda. Lo que ocurrirá con la tapa dura es que los editores serán más selectivos con los títulos que publican", afirma el editor Ruppin.

Fuente: Público.es

6 sept. 2011

Juan Madrid y Francisco García Pavón: los clásicos raramente fallan

por Herme Cerezo

El verano es un tiempo ideal para aburrirse. Si uno se descuida, el calor, la calor o como se diga, termina tostándole las neuronas mientras el tedio le invade. La mejor manera para combatir este problema consiste en establecer una profunda simbiosis entre la siesta y la lectura.

Pero como no nos vamos a pasar todo el día durmiendo, porque al final uno también se aburre de la almohada, lo mejor es compaginar ambas posibilidades o pasar directamente a la segunda: leer. Leer a palo seco o con una bebida refrescante a nuestro lado, porque el fumeteo o el fumeque, como le llaman algunos, en los días, semanas, meses y años de crisis que corren, está mal visto y, además, produce cáncer. O eso nos cuentan.

Por otro lado, como durante el verano poseemos más tiempo disponible del habitual, podemos recurrir a lecturas que no son de actualidad. No es preciso estar leyendo constantemente los últimos libros que se han asomado a los escaparates, internos y externos, de las grandes y pequeñas librerías, o a la ventana del ordenador. Lo que realmente importa es leer bien, entendiendo por bien algo que merezca la pena, resulte provechoso y entretenga sin caer en vacuos ditirambos. Y en este sentido, repasar “viejas novelas”, cuya calidad ya nadie puede poner en tela de juicio, y si alguien lo hace, peor para él, constituye una de las mejores posibilidades que tiene a su alcance el lector del siglo XXI.

Y a eso, “a leer de lo viejo”, me dediqué en parte durante el pasado mes de agosto. Fueron dos novelas policiacas, ambas escritas por autores españoles, las que me llevé al magín y me aliviaron del tedio, del calor y de las entrañables, y cada vez menos numerosas, moscas mediterráneas. La primera que cayó – me refiero a libros, no a moscas, claro está –, además en tiempo récord, fue la titulada ‘Viejos amores’ del malagueño (a pesar de su apellido), Juan Madrid. La segunda fue ‘El hospital de los dormidos’, escrita por el fallecido Francisco García Pavón.

‘Viejos amores’, basada en un hecho real, fue publicada por primera vez en 1992. Juan Madrid decidió embarcarse en la exploración de la mente enferma de un hombre joven, obsesionado con mujeres octogenarias y que terminó convertido en un asesino en serie. Utilizando el oficio de fontanero como llave para abrir puertas ajenas, tenía conocimientos de la materia aprendidos en el Tercio, violó y estranguló a dieciséis ancianas, llevándose de sus domicilios algunos objetos insignificantes como recuerdo de aquellas relaciones tan particulares. Tras asesinarlas, recomponía la escena del crimen, acostaba a las víctimas y las abandonaba en una postura de extraña placidez. ‘Viejos amores’ tiene, desde el punto de vista literario, muchos valores. En primer lugar, algo ya muy habitual en Juan Madrid, una exhibición profusa del lenguaje policial, delincuencial, castrense y del talego. En segundo, la utilización de un ritmo trepidante, que alterna la primera y tercera persona, para mostrarnos las sombras de la sociedad que nos rodea y que muchos desconocemos. El lector se ve atropellado por la acción hasta tal punto que no puede dejar de leer, porque las palabras se le pegan en la mente de un modo que difícilmente permite el alejamiento del libro hasta su conclusión. El trabajo de profundización en la piel del protagonista, J.F. Ruiz Muñoz, es sencillamente espléndido. Madrid consigue que durante la lectura surjan dudas sobre la catadura moral del sujeto, sobre si es inocente o culpable, sobre si está cuerdo o ido. Por último, ‘Viejos amores’ es una novela cuyo final no queda resuelto, aunque se intuye, lo que le proporciona un valor añadido al texto, ya que permite al lector participar justo en el momento de la resolución de la historia.
Francisco García Pavón (Tomelloso, Ciudad Real, 1919-Madrid, 1989) ofrece siempre refugio seguro para los lectores del género policial. ‘El hospital de los dormidos’ fue su última novela escrita. Publicada ya en época democrática, en 1981, el mismo año del 23-F, mantiene el estilo al que el escritor manchego nos ha habituado en sus relatos pero con una mayor libertad. Es como si el asentamiento de los nuevos valores políticos y, por ende, la desaparición de la censura hubieran conseguido que García Pavón se “soltase el moño”, tanto en el fondo como en la forma. Desde luego en ‘El Hospital de los dormidos’ vamos a encontrar el acostumbrado, y también costumbrista, habla de la gente manchega, de Tomelloso y otros lares, pero con menos cortapisas, con mayor espontaneidad e ingenio.

Los tacos, ocurrencias y juegos de palabras en torno al sexo y a otros asuntos campan a sus anchas, cosa que en las anteriores entregas no ocurría. El argumento de la novela es también bastante insólito en la trayectoria de Plinio, alias Manuel González y, sin lugar a dudas escapa del ámbito policial. De hecho, no hay ni un solo crimen en toda la novela (ni falta que hace), pero es que es tal la fama alcanzada por el Jefe de la GMT que se le permite un cierto toque de taumaturgia para desentrañar cualquier misterio. Un misterio que, en este caso, se cierne en torno a una serie de cuerpos, todos de hombres hechos y derechos, algunos decididamente orondos, que, de modo estraño, comienzan a aparecer plácidamente dormidos en el propio Tomelloso y en otros pueblos aledaños.

Por supuesto, el contrapunto de Manuel González, don Lotario, no podía faltar en esta despedida de las aventuras de Plinio y ambos, por momentos, llevan el humor que ha presidido toda la serie, hasta una de sus más altas cotas. Y en ellos, como también en su padre literario, el tiempo también ha pasado y si antes se movían en barbechos dictatoriales (gobiernos de Primo de Rivera y de Franco), con un discurso nada baladí pero sí apto para estos ambientes represivos, ahora lo hacen con verbo democrático. Las referencias en ‘El hospital de los dormidos’ a Suárez, a la UCD, al bingo, a la liberalización de costumbres, así como otros guiños (tolerancia con la prostitución), nos muestran el giro político acaecido en España durante la Transición, La Mancha incluida. Tomelloso, el escenario de siempre, continúa igual pero distinto. Y como el resto de los territorios del pentágono peninsular, ha sabido adaptarse a la nueva época.

Para finalizar, además del género común al que ‘Viejos Amores’ y ‘El hospital de los dormidos’ se adscriben y del buen trabajo lingüístico y narrativo desarrollado por los dos escritores, hay otro nexo de unión entre estas novelas, ya que ambas han sido reeditadas en el año que corre y, por lo tanto, resulta fácil encontrarlas en las librerías y tiendas especializadas (además de en Internet). Desde aquí mi aplauso para Flamma Editorial y Rey Lear, respectivamente, por lanzar estas reediciones tan atractivas e interesantes como riesgosas.

Fuente: www.diariosigloxxi.com

3 sept. 2011

Libros sin fronteras

Una vez consolidadas sus empresas en los países de habla inglesa, las principales plataformas de venta de libros -Amazon, Apple, Barnes & Noble, GoogleBooks, TheCopia.com, Kobo, Yudu, entre otras- han iniciado su expansión mundial fijando el rumbo hacia el mercado en español. La internacionalización de estas librerías online acelerará la reconversión digital de nuestro sector editorial ya que, tras el inglés y el chino mandarín, el español es el tercer idioma más hablado en el mundo con cerca de 500 millones de potenciales lectores.
La fuerza arrolladora del tsunami Internet no solo destierra a los intermediarios tradicionales, sino que elimina fronteras. Un solo dato avala esta nueva mirada globalizadora: la cadena de librerías Barnes & Noble ha sabido agregar a su catálogo más de 40.000 libros en español pertenecientes a diversas editoriales españolas, pero sobre todo a editoriales de los principales países latinoamericanos. Este enfoque estratégico está siendo seguido por todas las plataformas internacionales.
La imparable irrupción de estas tiendas online en nuestro mercado no solo enriquecerá la oferta de contenidos, sino que además el lector en pantallas tendrá la oportunidad de descubrir una amplia gama de servicios online hasta la fecha inexistente, como buscadores semánticos, sistemas de recomendación de libros basados en variables más allá del historial de compra, la posibilidad de compartir lecturas con otras personas, el acceso a anotaciones de otros lectores, la compra de un libro en tan solo un clic, servicios de atención al cliente, etcétera.
Ante este nuevo escenario competitivo, el sector empezará a tomar decisiones estratégicas para beneficiarse también del dinamismo que surgirá con los recién llegados. En los próximos meses veremos cómo varias editoriales iniciarán la comercialización de contenidos ciento por ciento digitales; una mayor apuesta por parte de las editoriales por el uso de las nuevas tecnologías 2.0 para promocionar sus libros y autores en Internet, y, sobre todo, veremos una redefinición de su estrategia de venta de libros a través de la Red.
La principal ventaja competitiva de una editorial en el siglo XX era la distribución, es decir, tener sus libros visibles en el mayor número de puntos de venta. En la era digital, cualquier sitio web, blog o hasta una red social como Facebook, Entrelectores o Twitter puede convertirse en un punto de prescripción y venta de libros. En este mundo digital, la ventaja competitiva de una editorial en el siglo XXI reside en el conocimiento directo de sus clientes, en su capacidad de influir en su comportamiento durante el proceso de compra y en cómo gestionar sus afinidades de lectura. Las principales plataformas online en el mercado en español son:
Amazon http://www.amazon.com/. Desde su fundación en 1995 como librería online ha logrado transformarse en la principal plataforma de comercio electrónico de todo tipo de productos, con más de 150 millones de clientes. En 2007 sacó su dispositivo de lectura: Kindle. Su ambición en el sector editorial es ilimitada y aspira a asumir todos los roles de la cadena.
Apple http://www.apple.com. Con 20 millones de tabletas vendidas, el lanzamiento del iPad ha marcado un antes y un después. Tras alcanzar la cifra de 1.500 millones de descargas de todo tipo de aplicaciones desde sus plataformas iTunes y AppStore, Apple apuesta por extender su ecosistema de "dispositivo+plataforma de contenidos+servicios online" a la nube.
Barnes & Noble http://www.barnesandnoble.com. Tras el cierre de Borders, Barnes & Noble es la principal cadena de librerías de EE UU, con más de un millón de títulos. Su lector Nook, y su plataforma en la nube, han sido un éxito.
Copia.com http://www.thecopia.com/. Una oferta transversal de contenidos culturales (libros, música, cine, prensa, etcétera) y consumo compartido. Es un híbrido entre una tienda de comercio electrónico como Amazon y una red social como Facebook.
Google eBooks http://books.google.es/ebooks. Tras digitalizar millones de libros en casi todos los idiomas, aspira a transformar la experiencia de acceso y lectura de los mismos. Al igual que Amazon, Apple y Copia, apuesta por la transversalidad de contenidos y la movilidad como eje de su estrategia de diferenciación.
Kobo http://kobobooks.com. Con más de tres millones de usuarios, esta innovadora start-up canadiense apuesta por el concepto de lectura social como elemento diferenciador. También tiene su propio dispositivo de lectura y compite por ser uno de los principales puntos de venta online de libros electrónicos. Su estrategia de internacionalización es más europea que latinoamericana.
Yudu http://www.yudu.com/. Esta plataforma de autoedición, similar a iniciativas consolidadas como Bubok o Lulu, apuesta por el mercado en español como eje del desarrollo de su negocio. Tras Reino Unido, inicia su expansión ofreciendo sus servicios en el mercado en español para editores de revistas y libros.

Javier Celaya es socio fundador de Dosdoce.com y especialista en información editorial y literaria.

Fuente: El País

1 sept. 2011

Apple y cinco editoras denunciadas por "conspirar" para fijar precios de 'ebooks'

MADRID, 12 Ago. (Portaltic/EP) -

   Un bufete de abogados de Estados Unidos ha presentado una demanda colectiva que acusa a Apple y a cinco grandes editoras de haber pactado una "conspiración" para fijar ilegalmente los precios de los libros electrónicos y así forzar a Amazon a abandonar su política de descuentos.
   La demanda, presentada por la firma de abogados Berman Hagens ante un tribunal del distrito norte de California, afirma que HarperCollins, Hachette Book Group, Macmillan, Penguin y Simon & Shchuster, conspiran con Apple para incrementar el precio de los libros electrónicos.  Esto tendría el fin de "aumentar las ganancias para frenar la política de descuentos de Amazon", argumentan los abogados en la demanda. Además, se explica que dichas compañías violan una serie de leyes federales y estatales.
   La denuncia se centra en el modelo de negocio -utilizado por Apple para iTunes, y por la mayoría de los principales editores de libros electrónico- con el que el editor, en lugar del minorista, establece el precio de venta de estos libros.
   Este modelo ya ha provocado diversas investigaciones en Europa, como la 'Office of Fair Trading investigating' (Oficina de investigación del Comercio Justo), que investiga si ciertos acuerdos entre editores y minoristas "pueden constituir una violación de las leyes de competencia". Por su parte, la Comisión Europea investiga si las empresas se han puesto de acuerdo para mantener altos los precios de los 'eBook', argumento central de la demanda en cuestión.
   La demanda alega que la política de precio de las cinco editoras fuerza a Amazon a asumirlas, obligándole a abandonar su política promocional de descuentos. "Esto ha forzado a que los precios de los libros hayan aumentado de un promedio de 9,99 dólares (7 euros) a 12,15 dólares (8,5 euros), llegando a un punto en el que a menudo son más caras las ediciones electrónicas que las físicas", aseguran en la demanda. En el texto legal los abogados aseguran que esto perjudicó las expectativas de los cliente que disfrutaban de las ofertas.
   Como resultado de esta "conspiración de fijación de precios", se explica que los precios de los libros electrónicos se han disparado hasta en un 50 por ciento más. "Cuando una versión de libro electrónico en un best-seller cuesta cerca o incluso más que su homólogo en papel, no hace falta ser un economista para ver la evidencia de manipulación del mercado ", ha dicho el socio fundador de Hagens Berman, Steve Berman, en un comunicado de prensa acerca de la demanda.
   "Afortunadamente para los editores, estos tenían un co-conspirador igual de aterrado ante la popularidad de Amazon y su estructura de precios, Apple". Berman asegura que el grupo demandante tiene la intención de demostrar que Apple necesitaba una manera de neutralizar el Kindle de Amazon antes de que su popularidad desafiase a la introducción del iPad en el mercado.
   Por todo ello los demandantes reclaman una suma económica y que se establezca la ilegalidad de la política de precios llevada a cabo por las empresas denunciadas.
 

Vía: The Guardian (http://www.guardian.co.uk/books/2011/aug/11/apple-ebook-price-fixing-penguin-macmillan)

25 ago. 2011

Cultura ofrece 400.000 euros en ayudas para publicación de libros en Andalucía

La Consejería de Cultura ofrece ayudas a las empresas editoriales que editen libros de interés cultural para la comunidad. Esta línea de subvenciones cuenta con una dotación de 400.000 euros y el plazo para las solicitudes está abierto hasta el próximo 2 de septiembre.

El objetivo de estas ayudas es apoyar a las empresas del libro dentro de la comunidad autónoma, sector que la Consejería de Cultura considera como uno de los más importantes dentro de las industrias culturales de la comunidad.
A esta modalidad de obras editadas pueden optar también las ediciones facsimilares, libros de artistas y otras obras que ayuden a difundir y recuperar el patrimonio documental y bibliográfico andaluz; así como catálogos y material de promoción de fondos editoriales en cualquier soporte y las ediciones referidas a efemérides de interés cultural para Andalucía.
Para poder acceder a las subvenciones las obras deben de ser primeras ediciones o llevar más de -10 años sin reeditarse. Además, su tirada deberá de ser de, al menos, 1.200 ejemplares. Las empresas que no estén ubicadas en la comunidad autónoma sólo podrán participar con obras de temática y autoría andaluza de interés cultural.
Las solicitudes podrán presentarse en el Registro Telemático Único de la Administración de la Junta de Andalucía, a través de la dirección electrónica www.juntadeandalucia.es/cultura/web/oficina_virtual, en el Registro General de la Consejería de Cultura, en las Delegaciones Provinciales de dicha consejería y los demás lugares y registros previstos en la normativa correspondiente.

Fuente: El País

La mítica librería de Notting Hill cierra sus puertas


La librería de viajes que inspiró la popular película Notting Hill cerrará después de 32 años, a pesar de haberse convertido en una auténtica atracción turística de la capital británica.
"The Travel Bookshop", toda una institución del pintoresco barrio de Notting Hill, dejará en dos semanas de vender biografías de intrépidos exploradores, libros de viajes y guías de los cinco continentes, según confirmó hoy a Efe un responsable de la librería.
El colorido establecimiento se había convertido en un lugar de peregrinación para los miles de aficionados de la película, que recaudó tras su estreno en 1999 más de 253 millones euros en todo el mundo.
La comedia romántica cuenta la inesperada historia de amor entre una famosa actriz, interpretada por Julia Roberts, y el librero londinense William Thacker, al que dio vida el actor Hugh Grant.
Precisamente, la pareja se conoce cuando la estrella de Hollywood entra en la librería de viajes, propiedad del despistado Thacker, para comprar un libro sobre Turquía.
Aunque en la película no aparece el mismo local que ahora cierra sus puertas, "The Travel Bookshop" sirvió de inspiración para sus guionistas, lo que la convirtió rápidamente en uno de los lugares imprescindibles para los turistas que visitan el barrio londinense de Notting Hill.
La cinta hizo también mundialmente famoso al multicultural y carismático vecindario de la capital británica del que toma su nombre y disparó sus alquileres, sobre todo por la fiebre que generó entre los estadounidenses que se mudaron a Londres.
Aunque decenas de pequeñas librerías locales se han visto obligadas a dar el cierre en todo el Reino Unido por la competencia de las grandes cadenas y las ventas por internet, éste no parece haber sido el motivo que ha forzado a vender el icónico establecimiento.
Su propietario desde hace 25 años reside en Francia y ha decidido desprenderse de "The Travel Bookshop" ya que su único hijo no quiere hacerse cargo del negocio.

Fuente: Vanitatis

24 ago. 2011

Para qué escribo


17 ago. 2011

Un libro listo para ser horneado, literalmente

Un libro de cocina diferente, el Well Done, es el anuario de Podravka, que debe cocinarse para poder ser leído.


Estamos acostumbrados a encontrarnos con infinidad de libros de cocina, pero todos se parecen entre sí. Algunos incluyen apenas una variedad de recetas, otros añaden consejos para cocinar, y formas de preparación, cocción, conservación de alimentos, hasta pueden incluir tablas de valores nutricionales, o historia de las recetas incluidas, también alguna reseña sobre el origen y cultivo de los vegetales, la producción de las carnes. Pero en general, salvo por matices en el contenido e ilustraciones, todos se parecen.
La agencia creativa croata Bruketa & Zinić, ha lanzado un informe anual de Podravka, una compañía de alimentos del sureste de Europa. Dicho informe contiene en su interior, un pequeño libro de cocina, también perteneciente a la compañía, pero con la peculiaridad de que el libro en cuestión, se presenta con sus páginas en blanco.

Para poder leer este curioso libro de cocina, es necesario envolverlo en papel aluminio y llevarlo al horno con una temperatura de 100°C, durante 25 minutos, ni más ni menos. De la buena cocción del mismo, dependerá la correcta aparición de los textos e ilustraciones.
Es una manera muy original para presentar las recetas de esta empresa, que nos demuestra que para cocinar sus productos, debemos ser expertos cocineros, de lo contrario, el libro se quemará o no podrá revelarnos sus secretos.
Este pequeño libro de cocina está impreso con una tinta termo-reactiva, que se hace visible luego de un correcto horneado, revelando de este modo, todo su texto e imágenes. El libro recibe el nombre de Well Done, que significa Bien hecho.




Fuente: www.mihogaronline.com

8 ago. 2011

Cuando los escritores son los delincuentes

NURIA AZANCOT | Publicado el 22/07/2011

[...] según el Ministerio de Cultura, las novelas policiacas suponen el 15 por ciento de las novedades anuales. En el último ejercicio se editaron 1.050 títulos de novela negra, que facturaron 44,2 millones de euros. De la trilogía Millenium de Stieg Larsson se han vendido más de 3.600.000 ejemplares y La playa de los ahogados de Domingo Villar ha superado los 150.000. Pero, ¿qué pasa cuando los autores (y no el mayordomo) son los asesinos (o ladrones, o estafadores...)? El Cultural revisa sus expedientes... 

Cervantes

Imaginen la escena: un juez abrumado, la sala desbordada de curiosos y en el banquillo unos desconocidos llamados, por ejemplo, Cervantes, Jack London, Verlaine, Chester Himes, Jean Genet, Althusser, Álvaro Mutis, Gregory Corso o Jack Kerouac... Imaginen el grosor de los expedientes, sin tener en cuenta, además, los que pudieran hacer referencia a cuestiones políticas ni sexuales. No se trata, en este caso, de censura ideológica ni de amores que no se atreven a decir su nombre. Imaginen también el miedo, la ingenuidad de algunos acusados y la maldad de tantos rivales literarios que celebran el mal ajeno. La sala se va llenando, y el juez pide silencio, mientras sube al estrado el primer acusado, primus inter pares en todos los sentidos: Miguel de Cervantes, (1547-1616), encarcelado en dos ocasiones por supuesta estafa.

 Marcado por la desdicha, tras años de calamidades y nada ligero de equipaje (Lepanto, cinco años de cautiverio en Argel, un matrimonio desdichado y numerosas pendencias literarias), en 1587 Cervantes fue designado comisario real de abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible. Y su suerte no cambió: en 1592, en Castro del Río fue encarcelado acusado de vender parte del trigo requisado, y en 1597, siendo recaudador de impuestos, volvió a dar con sus huesos en la trena de Sevilla durante cinco meses. ¿La causa? Simón Freire, el banquero que custodiaba lo que el escritor recaudó, quebró según unas fuentes o huyó con el dinero, según otras. Fue entonces cuando comenzó a escribir El Quijote, en esa “cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento”.
Cervantes acabó demostrando su inocencia, algo de lo que no podía presumir, en ningún caso, François Villon (1431-?), el mejor poeta francés del siglo XV. ¿Cargos? El asesinato del religioso Philippe Sermoise, un rival de amores, en 1456. Poco después participó en el hurto del Colegio de Navarra y prosiguió sus fechorías en el valle del Loira, donde fue encarcelado en 1461. Liberado meses después, volvió a París y escribió Le Testament, pero fue arrestado de nuevo en 1462; torturado y condenado a la horca, en 1463 se le conmutó la pena por 10 años de destierro de París. Lógicamente, no se volvió a saber de él...
Chatterton, el falsificador
De Ben Jonson (1572-1637), en cambio, se sabe todo: que fue uno de los padres del teatro inglés y que en 1598 fue encarcelado por matar al actor Gabriel Spenser en un duelo. Lo mejor fue su forma de huir de la prisión. Convertido al catolicismo, obtuvo el llamado beneficio de clérigo, una suerte de amnistía por recitar un verso bíblico en latín ante el tribunal.


Thomas Chatterton

Si Cervantes fue acusado de desfalco y Villon y Jonson de asesinato y robo, lo de Thomas Chatterton (1752-1770) no pasó de un juego literario tan precoz como genial: con once años falsificó su primera obra maestra del medievo, la égloga Eleonure y Juga, asegurando que se trataba de un viejo manuscrito del siglo XV de un supuesto monje medieval llamado Thomas Rowley. Después vendrían poemas, baladas, biografías y dramas. Para hacer más creíble el embuste, Chatterton avejentaba el papel untándolo con ocre y restregándolo contra el piso de ladrillo, y llegó incluso a componer un diccionario Rowley-Inglés/Inglés-Rowley, pero pronto comenzaron las sospechas de fraude y el falsario acabó envenenándose con apenas 18 años.

Paul Verlaine
Verlaine, preso por amor
Dos años menos, dieciséis tenía Arthur Rimbaud cuando fue a vivir con Paul Verlaine y su mujer, embarazada, en 1871. Los poetas huyeron a Londres y Bélgica, pero en 1873, en Bruselas, Verlaine dio fin a esta atormentada relación amorosa disparando en la muñeca a Rimbaud, y fue condenado a dos años de prisión, que cumplió en Bruselas y en Mons.

Nuestro siguiente culpable ha pasado a la historia como “pintor, escritor y asesino”. Admirado por los más selectos círculos intelectuales ingleses de principios del XIX, Thomas Griffiths Wainewright (1794-1847) fue conocido como el envenenador de Londres: celebrado por la élite cultural de la época, hizo un seguro de vida a su cuñada por 18.000 libras meses antes de que muriese, por casualidad, envenenada. El problema fue que le encontraron considerables dosis de estricnina y la policía acabó descubriendo que había asesinado también a su hermano, a un tío y a su suegro.

Mucho más inocente resultó Henry David Thoreau (1817-1862), que pasó un día en la cárcel, el 23 de junio de 1846, por negarse a pagar los impuestos dedicados a sufragar la guerra contra México. Fue, escribió, “una novedad interesante”. La guerra le parecía injusta, por lo que proclamó que “bajo un gobierno que encarcela a cualquiera injustamente, el lugar en el que debe estar el hombre justo es la prisión”.


O'Henry

A veces los escritores-delincuentes tienen mucho cuento, y se convierten, como en el caso de O'Henry, en maestros del género tras su paso por la prisión. Su verdadero nombre era William Sydney Porter (1862-1910) y simultaneaba su trabajo en el First National Bank con el alcohol, sus escritos en un semanario humorístico llamado The Rolling Stone, y una desdichada vida familiar. Acusado en 1895 de desfalco, no ayudó mucho a sus defensores al huir en julio de 1896 rumbo a Honduras. La noticia de que su mujer estaba agonizando le hizo regresar a Estados Unidos, donde fue juzgado y condenado a cinco años de cárcel, aunque sólo cumplió tres por buena conducta: mientras, escribía los relatos a los que debe su fama.

Sólo tres años después, en 1894, el novelista Jack London (1876-1916), pasó un mes en la cárcel de Erie County en Buffalo (Nueva York) por vagabundeo. Una experiencia traumática porque, como escribió en The Road, “La manipulación del hombre fue solo uno de los menores horrores no aptos de mención, para evitar ofensas morales, de la penitenciaría”.

Jean Ray


El paso por la cárcel transformó a London, pero no tanto como a Chester Himes (1909-1984); expulsado de la Universidad de Columbus en 1926 por robo, sólo dos años después era condenado a veinte años de cárcel por atraco a mano armada. En la cárcel consiguió una máquina de escribir ,y leyendo a Dashiell Hammet se convenció de que al menos “podía hacerlo igual que él. Cuando mis relatos comenzaron a ser publicados, los otros reclusos pensaron exactamente lo mismo”. Liberado en 1935, la publicación de su primera novela en 1945 le consagró como un genio de ese género negro que tan bien conocía.


Jean Genet

Otra perla del crimen fue Jean Ray, seudónimo de Jean Raymond Marie de Kremer (1887-1964), escritor belga de relatos de terror que fue sentenciado a seis años de cárcel por desfalco (y liberado dos años después), dejando atrás acusaciones de tráfico de armas y alcohol. Eximio mentiroso según algunos, sus amigos le consideraban “uno de los últimos piratas”, y él convirtió la historia de su vida en su mejor ficción.

Quien nunca renegó de sí mismo ni tuvo que reinventarse fue Jean Genet (1910-1986), “rebelde absoluto” y ladrón precoz desde los diez años. Para él, “lo sagrado era el sacrilegio contra los valores ensalzados por la moral y su inspiración, el crimen, la homosexualidad y la traición, trinidad en torno a la cual”, según apunta Javier Memba, “gira su obra”. Genet consideraba el robo como una vocación sagrada y, fiel a sí mismo, fue encarcelado en numerosas ocasiones por robo, prostitución y pederastia...

Los delincuentes beats
Al menos Genet no fue acusado de asesinato, mientras que otros autores hoy olvidados pero popularísimos en su día, como Alfonso Vidal Planas (1891-1965), acabaron entre rejas, tras disparar en este caso concreto, el 2 de marzo de 1923, en una taberna, a un periodista llamado Luis Anton del Olmet. Condenado a 12 años de prisión, fue absuelto 3 después y al acabar la condena se exilió.

Jack Unterweger


Mención especial merece la generación de poetas beats que revolucionó la literatura del siglo XX: ninguno de sus miembros más destacados se libró de la cárcel. El primero en subir al estrado ahora es Jack Kerouac (1922-1969), acusado de encubrir a Lucien Carr, compañero de cuarto de Allen Ginsberg (1926-1997) en la Universidad de Columbia en los años 40 y que conoció a Kerouac a través de la novia de Jack, Edie Parker. Carr asesinó a puñaladas a David Kammerer en 1944, y se declaró culpable. Kerouac fue condenado por encubridor, pero, tras pagar una fianza de 2.500 dólares recuperó la libertad. Años más tarde Ginsberg era detenido al encontrar la policía material robado en su piso. El poeta pudo eludir la cárcel pero no el psiquiátrico y descubrió que sí, que “los abismos son reales”.

También Gregory Corso (1930) fue detenido por intentar vender una radio robada; trasladado a una cárcel de Nueva York, permaneció varios meses, siendo maltratado por los demás presos hasta que acabó en un psiquiátrico. Por su parte, Neal Cassady (1926-1968) fue arrestado en 1958 por ofrecerse a compartir droga con un agente secreto de la polcía, lo que le supuso una condena de dos años.

Gregory Corso


Peor le fue a William Burroughs (1914-1997), culpable de haber asesinado en 1951, en Ciudad de México, a su mujer, Joan Vollner, jugando a ser Guillermo Tell. El autor de El almuerzo desnudo disparó sobre la manzana que sostenía en la cabeza su mujer, pero hizo diana en su frente. En su declaración afirmó que fue una muerte accidental, los forenses mexicanos avalaron su versión y, pocos días más tarde regresó a Estados Unidos sin exceso de equipaje ni sentido de culpa. Su gran amigo Kerouac llegó a escribir: “Bill es grande, y Joan le ha hecho aún más grande que nunca”.

Edward Bunker

El expediente Bunker
Otra grandeza siniestra , muy distinta, muestra Edward Bunker, que desperdició gran parte de su vida entre rejas. A los 17 años se convirtió en el preso más joven de San Quintín y pasó las dos décadas siguientes entrando y saliendo de diversas cárceles, mientras, comenzaba a leer y a escribir. Sus libros autobiográficos le han convertido en autor de culto, y autores como William Styron y James Ellroy o Quentin Tarantino se declararon fervientes admiradores suyos. Otros autores-asesinos de nuestros días son Hugh Collins (1944), uno de los delincuentes juveniles más peligrosos de Gran Bretaña, y Jimmy Boyle (1944), que presumía de ser “el hombre más violento de Escocia”. Autodefinido el primero como “una bomba a punto de estallar”, Collins fue condenado a cadena perpetua por clavar un cuchillo de caza en el corazón de un pandillero rival pero también Boyle asesinó al lider de otra banda...


Jeffrey Archer


Los últimos años del siglo XX nos han castigado con asesinos en serie, pero pocos comparables al austriaco Jack Unterweger (1951-1994), escritor y asesino en serie de prostitutas a las que mataba estrangulándolas con el cinturón. Condenado a cadena perpetua en 1974, su talento literario, reflejado en piezas como La comedia infernal, estrenada por John Malkovich, hizo que escritores y artistas exigieran su liberación. Sin embargo, poco después de lograrla, en 1993, una revista americana le contrató para escribir sobre un asesino en serie estadounidense y Unterweger aprovechó su visita a la otra orilla del Atlántico para volver a asesinar en serie. Sentenciado a cadena perpetua, prefirió suicidarse (ironías del destino) con su propio cinturón.


José Giovanni

Más escritores-delincuentes: José Giovanni (1923-2004), un ganster que acabó convertido en maestro de la literatura negra francesa, autor de más de 20 novelas y 15 películas. Condenado a muerte por el asesinato de tres personas, la condena se conmutó en 1956 y se revocó en 1986. Otro: Jacques Mesrine, enemigo público de la seguridad francesa en 1975, con un historial repleto de robos, asesinatos, secuestros y fugas increíbles, de las que da cuenta en sus memorias, Instinto de muerte.

Culpable sin alegaciones ni descargos resultó Anne Perry, seudónimo de Juliet Marion Hulme (1938), que asesinó a la madre de su mejor amiga, Pauline Parker, cuando ambas supieron que aquella iba a divorciarse y que su amiga iba a ser enviada a Suráfrica. A finales de junio de 1954 las adolescentes condujeron a la víctima a un camino solitario y la golpearon 45 veces con piedras hasta matarla. La edad de las asesinas compensó la brutalidad del crimen y ambas pasaron cinco años entre rejas, con la única condición de no verse nunca más. Juliet, convertida en Anne Perry, ha logrado numerosos éxitos como escritora sin ocultar jamás sus antecedentes ni su historia, que acabó siendo carne de película gracias al filme Criaturas celestiales (1994), protagonizada por Kate Winslet.


Juliet Marion Hulme


Tampoco se ha ocultado jamás el bestsellero Jeffrey Archer (1940), candidato a alcalde de Londres en 2000, que tuvo que renunciar a sus aspiraciones políticas tras ser acusado de perjurio y obstrucción a la justicia en 1987. Expulsado del partido conservador, escribió y protagonizó la pieza teatral El acusado y pasó cuatro años en la cárcel.

Ninguno de los casos revisados por este tribunal tiene nada que envidiar al de Krystian Bala, demasiado ficticio para ser verdad. Pero lo fue: el 10 de diciembre de 2000, el cuerpo de un empresario apareció flotando en el río Oder, en Polonia, sin que se encontrase al asesino. Tres años después, un escritor de poca monta, Krystian Bala, publicaba la novela Amok, con una historia muy similar de celos y crímenes. La policia, mientras tanto, recibió mensajes desde Corea y Singapur de alguien que presumía de haber perpetrado el crimen perfecto, con datos que tenían demasiado que ver que con el crimen. El problema fue que más tarde se descubrió que la mujer de Bala había mantenido una relacion sentimental con víctima, y que los mensajes los había enviado el propio Bala desde su móvil, en sus vacaciones en el sureste asiático.


Alvaro Mutis

Mutis, ¿malversador?
En este caso, la prudencia se rindió a la vanidad. Nada que ver con el caso que llevó entre rejas a Alvaro Mutis en 1956. El escritor colombiano era entonces jefe de relaciones públicas de la petrolera Esso, que fue la que le denunció por una presunta malversación de fondos. Mutis logró refugiarse en México, con la ayuda de Octavio Paz y Luis Buñuel, pero en 1958 el gobierno de su país solicitó su extradición y fue encarcelado durante quince meses en el penal Lecumberri. Allí nació El diario de Lecumberri, en el que narra sus experiencias en la cárcel colombiana, “testimonio parcial de una experiencia y la ficción nacida en largas horas de encierro y soledad. La ficción hizo posible que la experiencia no destruyera toda razón de vida”.


Krystian Bala

Remigio Vega Armentero, Maurice Sachs, Thomas Malory, Karl May, Abdel Hafed Benotman... Los expedientes se acumulan, pero es imposible no mencionar al menos dos más, uno dramático, bufo el otro. El primero nos muestra, en noviembre de 1980, a Hélène Legotien pidiéndole a su marido Louis Althusser, que le diera un masaje en la espalda. El entusiasmo del filósofo, ya seriamente enfermo, acabó con el estrangulamiento mortal de su mujer, pero no fue juzgado y acabó recluido en el hospital psiquiátrico Sainte-Anne hasta 1983. Murió en París siete años más tarde.

El otro expediente, más divertido, lo narra Luis Racionero con humor en Sobrevivir a un gran amor y en sus Memorias de un liberal psicodélico. Corría el año 1981, y el poeta Juan Luis Panero andaba rondando a la compañera sentimental de Racionero. Avisado por amigos tan poco sospechosos como Gil de Biedma, Racionero, una mala noche, acabó disparando algunos perdigonazos contra la ventana de Panero, que salió huyendo y no se paró sino en Colombia. A la vuelta, eso sí, el poeta reconquistó el corazón de la dama, con quien aún comparte su vida, en Torroella deMontrí. Y no hay perdigonazo que valga.


Fuente: El Cultural