31 ene. 2011

Opus Spicatum, novela sobre intrigas clericales y misterios del pasado

Se lee más, pero se compra menos

Según datos de Nielsen, tomados de las más significativas librerías de España, en 2010 se vendieron un 10,4% menos de libros, o para ser más correcto, la facturación de las editoriales descendió en esa cifra.
El comportamiento por empresas fue desigual: Así mientras Planeta, la primera del sector, vio como sus ventas descendían un 14,4%, Ediciones B lo hacía un 13,6%, Santillana un 16,5%, Salamandra un 31,9%, Anaya el 9,4% y Anagrama un 18,5%.
En sentido contrario, aumentaron sus ventas de forma significativa, la editora de Unidad Editorial: La Esfera que facturó un 40,3% más, RBA el 12,7%, Random House-Mondadori apenas incrementó un 0,2% y Rocaeditorial lo hizo un 29,9%, ésta última se ha colocado en 2010 en la 13ª empresa del sector por tamaño de facturación.
Es cierto, que detrás de cada editora existen nombres y apellidos de los “culpables” de las menores y mayores ventas. Estos son los diferentes libros que han estado en el candelero. En el caso de Planeta, la ausencia de la trilogía de Larson, que tanta gloria le dio en 2009, es una de las explicaciones de la caída de ingresos, o en Santillana el ligero desinfle de Stephanie Meyer y su saga de amantes vampiros...
Los triunfantes del mercado han sido, entre otros, María La Brava y Los ojos amarillos de los cocodrilos de La Esfera y Sé lo que estás pensando y La evolución de Calpurnia Tate por parte de Rocaeditorialk, las novelas que han empujado fuertemente sus ventas.
Al tiempo de conocer estos datos de Nielsen, la Federación de gremios de editores de España ha publicado la encuesta sobre Hábitos de lectura y compra de libros en 2010, según la cual el 60% de la población española, mayor de 14 años, leen libros. El 64% son mujeres frente al 56% de los hombres. Conforme sube la edad de los entrevistados, baja el nivel de lectura y solo el 5,3% declaran leer a través del libro electrónico.
No se puede, más bien no se debe, comparar una encuesta en la que se constata que el índice de lectura de libros ha aumentado más de un 5%, con los datos recabados de las ventas reales de las librerías en que el número de compradores ha descendido en 2010 un 10%.
Si tenemos la tentación de hacerlo, diríamos que sí se leen más libros, pero se compran menos. Es que la red de bibliotecas españolas funciona de maravilla, que los préstamos entre colegas se disparan ante la crisis, o lo peor, que la piratería está haciendo mella en las cuentas de los editores y, sin embargo nos hace más cultos. Tremenda paradoja.
La misma encuesta muestra que han incrementado más de un 3% los lectores de diarios, mientras los editores de prensa reconocen un descenso del 7% de los compradores. En el caso de los periódicos nadie los piratea. Están gratis en internet y, eso también les hace daño a los editores, por el momento.

Fuente: Xornal de Galicia

30 ene. 2011

Hábitos de lectura y compra de libros en 2010

Es solo un 1%, pero el libro electrónico ya computa en las estadísticas de lectura en España, según los datos del barómetro para 2010 elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España, un estudio en el que lo digital va ganando presencia. Aproximadamente la mitad de la población española de 14 años o más afirma leer en formato digital (47,8%). Se entiende como lector en soporte digital, aquel que lee, al menos con una frecuencia trimestral, en un ordenador, un teléfono móvil, una agenda electrónica o un e-Reader. La lectura de libros en este formato alcanza, no obstante, el 5,3% de la población. Los españoles siguen empleando mayoritariamente el soporte digital para la lectura de periódicos (30,7%) o para la consulta de webs, blogs, foros, etcétera (37,6%).
A diferencia de la lectura en el formato papel, los hombres (53,9%) superan en 12 puntos a las mujeres en el empleo del formato electrónico. Por tramos de edad, La diferencia más acusada, 71 puntos, se producen entre los jóvenes de 14 a 24 años (80,0%) y los mayores de 65 años (8,7%). El 57% de la población de España mayor de 14 años lee en su tiempo libre, mientras que el 21,5% afirma leer por motivos de trabajo o estudios.
El informe destaca que el 90,5% de la población (a partir de los 14 años) lee en cualquier tipo de material, formato y soporte (impreso o digital) con una frecuencia al menos trimestral. Además, el 85,7% son lectores frecuentes. El 78,1% lee periódicos, el 60,3%, libros, el 48,9%, revistas y el 14,5%, cómics. El 57% de la población lee en su tiempo libre, mientras que el 21,5% afirma leer por motivos de trabajo o estudios. El porcentaje de lectores frecuentes en su tiempo libre se ha incrementado en dos puntos respecto a 2009 hasta situarse en el 43,7% de la población. Desde el año 2001 este porcentaje ha crecido en 7,7 puntos.
Mujer, universitaria, joven y urbana
El perfil del lector en España sigue siendo el de una mujer, con estudios universitarios, joven y urbana que prefiere la novela, lee en castellano y lo hace por entretenimiento. Por territorios, siete comunidades autónomas (Madrid, País Vasco, La Rioja, Cantabria, Cataluña Aragón y Navarra) superan la media nacional de lectores de libros (57,0%).
Los más vendidos y los más leídos
Los libros más comprados durante 2010 han sido El tiempo entre costuras, de MaríaDueñas; La caída de los gigantes, de Ken Follett; y Dime quien soy de Julia Navarro. Estos tres escritores también aparecen en los tres primeros puestos de los autores más comprados.
En cuanto a los más leídos en cabeza está Los pilares de la tierra de Ken Follet. La trilogía de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, La reina en el palacio de las corrientes de aire y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, ocupan el segundo, tercer y quinto lugar del ranking respectivamente. En el cuarto lugar se sitúa La catedral del mar, de Ildefonso Falcones. Los libros de la serie de Gerónimo Stilton, Harry Potter, de J.K. Rowling y Kika Superbruja, de Knister son los libros más leídos por los niños de 10 a 13 años.
El presente estudio ha sido llevado a cabo por la empresa Conecta Research & Consulting. Los resultados anuales se obtienen a partir de una muestra de 15.000 individuos (5.000 cada cuatrimestre).



Hábitos de lectura y compra de libro en 2010

23 ene. 2011

Novela romántica: la fiebre del oro rosa

Dicen las puristas del género que una buena novela romántica es una más de tus amigas: no te escucha pero habla de ti, te hace reír y te permite olvidar lo duro que es seguir siendo la princesa de tu propio cuento. Basta pensar en el recuento de calorías diario de Bridget Jones (o en su obsesión con un tal Darcy, clarísimo homenaje a otra reina del género hecha clásico: Jane Austen) para darse cuenta de que no andan desencaminadas.
Pero, ¿en qué punto se encuentra el género hoy? A juzgar por los datos (supone el 7% del total del mercado editorial y es el género más vendido en Estados Unidos y Canadá), aguanta el pulso de la crisis, aunque lo hace, eso sí, a escondidas. "No creo que dé vergüenza comprar una novela romántica, si se compra más por internet o directamente vía descarga para 'e-book' es porque las lectoras de novela romántica compran compulsivamente y van a lo que les resulta más barato", dice Esther Escoriza, editora de Esencia, sello especializado en lo que se entiende como el género en su sentido más puro. Porque sí, la novela romántica existe desde que existen los cuentos populares y, ciñéndonos al papel impreso, desde 1740, año en que se publicó 'Pamela o la virtud recompensada', de Samuel Richardson, el antecedente más directo de los alocados diarios de Bridget Jones; pero son muchas y muy variadas las mutaciones que ha sufrido a lo largo de los años. La exposición 'La novela romántica' que acoge hasta el 18 de febrero la Biblioteca Central de Cornellà reconstruye la historia del género que inauguró, a su manera, Richardson, con una suerte de diario personal de una chica (Pamela Andrews) que pretende ligarse al hijo de su jefe (es la criada una familia extremadamente rica) y lo acaba consiguiendo, y que explotó en los 90 con la penúltima de sus mutaciones: la 'chick lit', esto es, novelas protagonizadas por rubias millonarias y, por qué no, periodistas (como la Carrie Bradshaw de 'Sexo en Nueva York'), o abogadas, o jefas de prensa con complejos (como la citada Bridget).
"Las lectoras más fieles no consideran a la 'chick lit' novela romántica, aunque es cierto que no dejan de ser historias de amor en clave de comedia en la mayor parte de los casos", asegura Escoriza, que descarta que Federico Moccia sea algo más que un 'best seller' puro y duro (en lo que respecta al género). Algo que confirma la editora de Moccia en España, Berta Noy: "Moccia ha logrado como nadie en mucho tiempo conectar con la gente joven, sobre todo con las adolescentes. Y lo ha hecho porque habla su mismo idioma, y en sus libros no hay moralejas ni consejos, son un reflejo de la realidad que viven. No es casualidad que haya sido el autor más vendido en España en 2010".
Precisamente, uno de los componentes claves de la novela romántica es que a lo largo de la historia ha sido un reflejo social de la época en la que se escribía. En las primeras (pensemos en el siglo XIX y en clásicos, como 'Orgullo y prejuicio', de Jane Austen, que, por cierto, nunca se casó pero sí vivió una historia similar a la de Elizabeth Bennet, la protagonista de esta novela), las chicas se mostraban totalmente sumisas respecto a su situación (sólo buscaban las salidas posibles, el acuerdo prenupcial, ese tipo de cosas); en las de finales del siglo XX (pensemos en Danielle Steel y Victoria Holt), aparecen los primeros divorcios y los primeros rincones oscuros de las aparentemente perfectas historias de amor; y en las del siglo XXI, las protagonistas tienen trabajos estupendos que llenan sus neveras y sus armarios, y exigen mucho más a sus pretendientes a príncipe azul.
Porque si en algo insiste la exposición que repasa la historia del género (que dedica un apartado a su aterrizaje en España en los años 30 y a la mujer que más libros ha vendido en España, Corín Tellado) es el tema del príncipe azul y el origen del esquema básico de una novela rosa. Deben existir la princesa, el príncipe y la manzana envenenada (como en Blancanieves), siendo ésta última cualquier tipo de conflicto (familiar, social, económico, político) que pueda haber entre una y otro. "Es evidente que el género proviene de los cuentos de hadas tradicionales", afirma Esther Escoriza, de Esencia. "La gracia de cada libro depende luego de cómo cada autora nos cuenta uno de esos cuentos", añade. Así las cosas y con un prometedor futuro por delante, pues "las novelas de vampiros están ayudando mucho al género y están abriendo una vertiente paranormal que ahora mismo es la que más vende", apunta Escoriza, la novela romántica se mantiene como "uno de los géneros más estables", según la editora, del mercado. Eso sí, lo hace en la sombra, o maquillado lo suficiente como para subirse a las estanterías del 'best seller' (vía Marian Keyes, o el citado Moccia) y pasar como uno más. "Lo único que quieren las lectoras es huir del mundo que las rodea", dice Escoriza. Como dirían las puristas, olvidar que siguen siendo la princesa de su propio cuento.

Fuente: elmundo.es

18 ene. 2011

Diseño inteligente (de libros)

Potenciar el libro como objeto a través de su diseño y portada es la mejor arma de las editoriales frente a la versión electrónica. Las mesas de novedades de las librerías son la escena de un espectáculo que ahora se enriquece y aumenta. Alianza Editorial, por ejemplo, ha renovado uno de sus sellos emblemáticos, el de bolsillo. Varios expertos explican el arte de conquistar al lector a través del impacto visual 

La materia se convierte en información. Ya ocurrió en la industria de la música, cuando de formatos materiales como el CD o el vinilo se pasó al virtual mp3. Con la llegada del libro electrónico, los libros de papel se convierten en ceros y unos albergados dentro del dispositivo de lectura. Para superar el reto de la supervivencia, el libro tradicional puede hacerse valer por aquello de lo que carece el electrónico: el tacto, el olor, la forma, la portada, en definitiva, el diseño. El libro como objeto.

Los principales factores para la compra de un libro son, evidentemente, la temática, el consejo de un amigo o el autor, según un estudio de la Federación de Gremios de Editores de España. Sin embargo, el diseño también importa, por encima de la crítica, la publicidad, o la editorial, que, según el mismo estudio, es el factor menos influyente.

[... ] "Que el cuidado por el diseño aumenta con la llegada del libro electrónico es una opinión que abunda en el sector", reconoce Jorge Herralde, editor de Anagrama. "Nosotros, desde luego, valoramos mucho el diseño. Apostamos por libros sobrios y elegantes, de calidad, en la tradición de las editoriales literarias francesas o italianas, y reconocibles por el lector", explica Herralde que comenta divertido que muchos llaman al amarillo de sus cubiertas "amarillo Anagrama".

"El libro barato y malo, que se deshace y estropea, que todos hemos utilizado, está condenado frente al libro electrónico o la lectura online", sentencia Rubén Hernández, uno de los editores de Errata Naturae.

Leer más en El País

8 ene. 2011

Un pequeño problema: dos mujeres muy distintas que luchan por aquello que más desean

Fuente: LLegir en cas d´incendi

Un pequeño problema
Ana Viladomiu
Flamma Editorial
1ª edición, 2010
Género: Novela chick-lit
200 páginas
ISBN 9788493728397


Estamos ante una novela divertida, amena y de lectura rápida, una comedia romántica y desenfadada con la que la autora inicia su trayectoria literaria. El tema fundamental es el de la amistad, que será el hilo conductor de toda la trama. Dos amigas, Rita y Carola, que llevan veinte años sin verse, vuelven a reencontrarse tras conocer la noticia deque su mejor amiga, Miriam, fallecida ya hace años, les ha dejado un regalo para su cuarenta y cinco cumpleaños. Este será el motivo por el que sus vidas se volverán a cruzar, tras años separadas y sin tener noticias la una de la otra. A partir de este hecho, se narran las vicisitudes de cada una de ellas durante estos veinte años de separación.

Con un estilo fresco y natural, se van describiendo los personajes (que bien podrían haber salido de Sexo en Nueva York) y las vivencias de cada uno de ellos para subsistir y para sobrevivir. Dos mujeres muy distintas que luchan por aquello que más desean, ya sea material o sentimentalmente, describiendo de este modo, dos maneras diferentes de encarar la vida y los problemas.

No solamente se toca el tema de la amistad, sino que también se hay infidelidades, la pasiones, ambiciones y las relaciones humanas. Todos ellos enfocados desde el punto de vista de las dos protagonistas, personajes cotidianos y cercanos en nuestra sociedad. Aventuras, problemas, alegrías, recuerdos, cambios, amigos, familia, infidelidad, todo se va describiendo con mucha naturalidad y con anécdotas e historias muy reales, historias que nos pueden suceder a cada uno de los lectores y que reconocemos a nuestro alrededor.

Cada capítulo está protagonizado por una de las dos protagonistas alternativamente y ello hace que la novela sea más ágil y atractiva. En el final de un capítulo y en el inicio del siguiente se utiliza la misma frase o frases muy similares, construyendo de este modo un nexo en común de ambas historias y enlazándolas entre sí. Porque la historia de cada una de ellas, por muy distinta que sea, siempre tiene un fondo en común con la de su amiga. Y siempre va conduciendo la historia hacia ese eje vehicular que es la amistad que en un día tuvieron y que únicamente la amiga común de ambas, Miriam, es capaz de volver a reunir. Una novela muy divertida y fácil de leer.

Rosa Mingorance

'El sentido del humor es ley para mí'

La escritora moscovita, aguda y satírica observadora de los ritos cotidianos, ofrece en Nuevo alfabeto ruso una radiografía de la Rusia actual: nuevos ricos y desajustes sociales, y sus estrechos lazos con el pasado comunista
Nacer bajo una dictadura, incluida la del proletariado, puede ser una tragedia. Pero los regímenes totalitarios ofrecen también grandes posibilidades para la comedia. La periodista y escritora Katia Metelizza (Moscú, 1968), que además es lo bastante joven como para haber escapado a los años negros del estalinismo, ha preferido la risa al llanto a la hora de lanzarse a la escritura. Su mirada al pasado, y al presente, se apoya en la ironía, consciente de que el devenir humano no alcanza casi nunca la épica. Nuevo alfabeto ruso, el primer libro de la autora que acaba de publicar en castellano la editorial Demipage, en una cuidada edición con ilustraciones retro de Jean-François Martín, es un himno al optimismo.

Lo primero que percibe el lector al abrirlo es el humor que rezuma por todas partes. ¿Tan importante es reírse? "Lo más importante", explica Katia Metelizza por correo electrónico, recurriendo, a veces, a palabras en español, aunque pide de inmediato perdón por su desconocimiento de la gramática de un idioma que, explica, no ha estudiado. Así, pues, del humor dice que "es la única arma". El arma principal. "Nadie debería tomarse a sí mismo demasiado en serio. Para mí, el humor es ley".
¿Qué decir de la ex URSS? A Metelizza se le ocurren muchas cosas, pero opta por hablar de la kolbasa, típica salchicha rusa, alimento hiperpopular, o de los ubicuos arenques. Uno y otro alimentos contienen algo de la esencia de aquella patria, que se desvaneció hace casi dos décadas. Hoy la madre Rusia es otra cosa. "No cabe duda de que es una madre soltera, una madre soltera con familia numerosa", nos dice Metelizza en el capítulo titulado Patriotismo de su libro. Metelizza nació y vivió su infancia bajo el régimen comunista, se educó en ese ambiente de niños pioneros, patriotismo ciego y atmósfera claustrofóbica y fue testigo después del desmoronamiento de la URSS y de la llegada de un nuevo sistema político repleto de desigualdades y anacronismos. Mucho se ha escrito de esa brutal transición, pero Metelizza no hurga en heridas, no juzga, ni proclama, se limita a recordar, con humor, las liturgias de un pasado que sigue, de alguna forma, ahí. ¿Siente nostalgia de los viejos tiempos?
"Hay un término en el argot cinematográfico, "naturaleza que se desvanece". Esa es mi actitud. Simplemente, intento ver, sentir y describir las cosas que se desvanecen. Aunque yo no diría que siento nostalgia del pasado. En absoluto. Simplemente recuerdo con amor mi infancia. ¿Y quién no?", responde la escritora.
Leyendo su libro, se observa una ironía casi tierna en la descripción del pasado, mientras el presente está visto con un prisma de humor mucho más corrosivo. Por ejemplo, en el capítulo Aterrizando, Metelizza describe las colas en el aeropuerto Sheremetyevo (Terminal 2), refiriéndose a ellas como una "institución". "Los aduaneros rusos, mujeres y hombres, no tienen la costumbre (¿la orden?) de desear a sus conciudadanos un vuelo agradable; se limitan a un lacónico '¡siguiente!". A cambio reciben un educado, en ocasiones, incluso servil, "gracias". Cada letra del alfabeto le sirve a Metelizza para describir los vicios (y alguna virtud) de su país. Nuevos ricos fascinados con lo extranjero, desastres burocráticos, desorganización. Un Moscú inabordable, urbanizado sin lógica, y unos taxistas que se resisten a reconocer su ignorancia y se aventuran sin mapa por la ciudad. Metelizza parece encariñada, en cambio, con las dachas, las casitas de campo, casi siempre modestas, en las que la gente de la ciudad acumula objetos viejos y en desuso, de los que nadie quiere desprenderse.
La escritora se ríe de todo y de todos, pero no con una carcajada. Hay más sonrisa, indulgencia hacia la fatal condición humana, que auténtico sarcasmo. Pongamos por ejemplo algunas normas de la higiene moscovita, como la que lleva a las autoridades a cortar el agua caliente un mes al año. Un filón para los humoristas que a Metelizza le da para un capítulo entero, el de la letra 'e' de su nuevo alfabeto. "El Gran corte anual de agua caliente. Es la manifestación de un poder superior, de un intelecto más elevado, que se divierte sometiendo a los ciudadanos de la capital rusa a una pequeña prueba de superación anual", escribe.
También hay aspectos cómicos en la vida presente y pasada de la autora. El nuevo alfabeto se nutre del pasado, no lo olvidemos. En el capítulo Calcetines, medias y panties recuerda el odio que le inspiraron (¿ideológico?) sus primeros panties. Un par de leotardos azul claro "que provenían de una república soviética del Báltico. Me los trajo un conocido. Se me aparecieron, literalmente, como una manifestación de la civilización occidental, como una encarnación de Occidente. Los odié de inmediato".
Metelizza, que comenzó su carrera como periodista (colaboró en los noventa con la BBC, o Radio Liberté, y escribe una columna en el diario ruso Nezavissimaya Gazeta), ha publicado cuatro libros con recopilaciones de sus artículos: Abecedario de la vida, Amor, La barba de papá y Kirchen, Küche, Kinder. Nuevo alfabeto ruso es una selección de textos de los dos primeros libros. Para muchos, los temas escogidos, notas menores de la vida cotidiana, pueden ser sinónimo también de escritura menor. A Metelizza no le importa. "Puede ser que me consideren una escritora menor, no me asusta lo más mínimo, nunca he buscado nada más. Lo que realmente me asustaría es parecer un profundo tonto. Alguien con barba (en español en el mensaje), con la pretensión de ser un gran escritor ruso. Bueno, incluso sin barba y sin ser tonto, pero pretendiendo ser profundo y apabullante. Cada uno tiene que cultivar su propio jardín, palabras clave; la única filosofía verdadera. ¿No son más valiosos los detalles y las circunstancias reales, los sentimientos auténticos (no tienen por qué ser femeninos, sino, simplemente los de cada uno), que las frases generales, vacías en muchos casos? Desde luego, yo creo que sí".
Es curioso que Metelizza, con sus dotes de humor y superficialidad se declare devota de un escritor como Fedor Dostoievski, un alma atormentada. Cuando se le pregunta por las influencias que han dejado en su prosa los grandes autores rusos, empieza por citar al autor de Crimen y castigo. "Dostoievski ha sido mi escritor favorito desde que era muy joven, y todavía hoy sus novelas me parecen lo mejor del mundo", dice. "¿Se ha fijado en lo graciosa que es su novela El idiota? Por no hablar del misterio que rodea a Los hermanos Karamazov. Los héroes de Dostoievski son inconsecuentes, lo mismo que los seres humanos. O al menos, como solíamos serlo los rusos. Me encanta ese rasgo".
El otro gran mito ruso, León Tolstói, fue durante años un escritor irritante para ella. "Durante mucho tiempo lo vi como una especie de antagonista de Dostoievski, en tanto que artista. Su estilo moralizador, su manera impertinente de analizar, de enseñar... Él y toda la escuela que creció a su alrededor me irritaban tanto que, incluso, escribí una polémica novela gráfica, basada en Anna Karenina. Porque, aunque sea sorprendente, Anna me gustaba muchísimo como persona. Y en el fondo adoraba al gran artista que la creó, tan viva, cálida y encantadora. Pero odiaba al mismo tiempo a ese escritor moralista que decide matarla, y la mata. Y con eso cumple una venganza. Un asesinato".
Con los años, su juicio sobre Tolstói se ha modificado. "Tal vez solo ahora puedo decir que estoy empezando a entender a Tolstói. Era una persona que, probablemente, tenía sus dudas. Durante toda su vida, hasta el final, intentó buscar a Dios dentro de sí mismo, se volvió hacia el budismo... Pero, claro, supongo que hay que ser ya adulto para entender a Tolstói. Su camino personal es más importante que su literatura. Hay otro escritor ruso para "adultos" que me gusta mucho, Antón Chéjov, es enormemente triste, áspero. Recoge todo el dolor del mundo. Social y personal".
Hay muchos más autores que han marcado su visión de la escritura y de la vida. "Nikolái Gógol es brillante, fantástico. El mejor para mí, una verdadera delicia. Por no hablar de Alexandr Pushkin, cuya influencia en el lenguaje ruso moderno es tan grande que ninguno de nosotros estamos libres de ella. Pero si hablo de mí, de la influencia que han dejado en mí los escritores rusos, tengo que mencionar a una escritora que vivió a caballo de los siglos XIX y XX (tras la revolución comunista emigró a Francia y se instaló allí), su seudónimo era Taffy. Sus historias cortas se han publicado en revistas y en periódicos. Siempre son graciosas. Un estilo ligero, pero preciso y agudo. Era muy famosa, incluso el zar Nicolás confesó que era la única escritora que había leído. Tenía un rasgo fundamental (poco común entre los escritores rusos, por cierto). Cuando le preguntaban de dónde sacaba a sus ridículos personajes, siempre respondía: "Del espejo". Una posición muy importante, tanto ética como estéticamente", dice Metelizza. "Siempre procuro no ser muy seria, y mantener mis dudas. Siempre hay más preguntas que respuestas, pero quién sabe cuáles son más importantes".
Nuevo alfabeto ruso. Katia Metelizza. Ilustraciones de Jean-François Martin. Traducción de Marian Womack. Demipage. Madrid, 2010. 160 páginas. 20 euros.
 
Fuente: El País

4 ene. 2011

Club de lectura de Sagrada Familia opta por e-books

Tras las Navidades se sabrán las cifras de ventas de e-readers (lectores de libros electrónicos) y si esta nueva forma de leer gana adeptos en un mercado aún copado por el libro tradicional. Este formato innovador despierta muchas incógnitas de adquisición y uso, pero Biblioteques de Barcelona apuesta por él y apadrina la segunda edición de un club de lectura de e-books (libros electrónicos), pionero en Catalunya.
Ninguno de ellos renunciará al papelLa Biblioteca Sagrada Família acoge hasta el 12 de enero esta experiencia inédita que comenzó el pasado 13 de octubre y que se ha organizado en torno a reuniones mensuales de lectores a los que se les cede un e-reader. Se han escogido tres libros de diferentes géneros para leer y comentar: Casa de Misericordia, de Joan Margarit, de poesía; El secret de Christine Falls, de Benjamín Black, una novela negra, y L’home és un gran faisà en el món, de Hertha Müller, Premio Nobel de Literatura.
Los 15 participantes han formado parte anteriormente de otros clubs de lectura clásicos y son conducidos a esta nueva experiencia lectora por parte del crítico literario y periodista cultural Antonio Lozano. El conductor valora que esta actividad está recibiendo "una respuesta muy entusiasta" de los participantes, personas en la franja de los 30 a los 60 años. Pero "ninguno de ellos renunciará al papel", comenta.
Se sienten "especiales" al verse observados si usan el e-reader en públicoEntre los adjetivos que utiliza el grupo para definir este nuevo hábito lector aparecen cómodo, porque les permite guardar en el dispositivo toda su biblioteca y llevársela de viaje sin ocupar espacio en la maleta; ligero en peso y luminoso por la claridad de letra que les aporta la pantalla de tinta electrónica, sobre todo, en la calle. También valoran, según Lozano, el hecho de poder aumentar el tamaño de la letra para una mejor lectura y el sentirse "especiales" al verse observados si usan el e-reader en público.
El alto coste ‘on line’
Otro de los hábitos que estos lectores de laboratorio están aprendiendo con el uso es "borrar del lector los libros que no quieren conservar" sin verse obligados a regalarlos o donarlos como pasa con el papel.
Los lectores no dedicaron más tiempo a la lectura de un e-book que a la de un libro en papelEl grupo debate tanto sobre literatura como sobre el innovador soporte. Y entre las dudas que les asaltan se halla el precio de los libros que se pueden adquirir en las plataformas on line, que "difieren muy poco", recuerda Lozano, de los de las librerías, a pesar del ahorro de costes. Para el conductor del grupo, hablar de libros es, mayoritariamente, una excusa entre los participantes "para hablar de sus vidas".
El cuestionario que Biblioteques pasó al primer grupo de este club pionero arrojó conclusiones como que los lectores no dedicaron más tiempo a la lectura de un e-book o libro electrónico que a la de un libro en papel. Sí que se abrieron a más espacios o situaciones de lectura con el nuevo soporte, como lugares en tránsito o incluso caminando. Biblioteques se plantea en un futuro el préstamo de e-books, pero no de e-readers. El soporte lo tendrá que aportar el usuario.

Fuente: 20 Minutos

3 ene. 2011

La venta de Anagrama

En términos culturales –en términos industriales y económicos sería otra cosa–, Carlos Barral pasa por ser la gran referencia de la edición barcelonesa en la segunda mitad del siglo XX. Y es indiscutible que su catálogo, su labor como dinamizador cultural, sus propias obras y, particularmente, la influencia que tuvo sobre otros profesionales lo convierten en un elemento central. Pero también está claro que los avatares económicos de su empresa, así como una temprana desaparición, truncaron su carrera. En su estela, pero con creciente y deslumbrante luz propia, han brillado editores como Esther Tusquets (Lumen), Beatriz de Moura (Tusquets) y Jorge Herralde (Anagrama), que crearon sus firmas hace cuatro decenios largos, y que han sabido cincelar catálogos excelentes, situándose en lo más alto de la edición literaria barcelonesa. Lumen está ahora integrada en un gran grupo; pero Tusquets y Anagrama siguen como faros de la edición independiente.
El anuncio, el pasado jueves, de que Herralde había suscrito un acuerdo con la editorial italiana Feltrinelli para venderle, a cinco años vista, Anagrama, ha causado revuelo en los corrillos profesionales de Barcelona, gran capital mundial de la edición hispánica. Ya Tusquets tuvo en su día relaciones con un gran grupo español, más tarde disueltas. Pero Anagrama había permanecido como bastión inexpugnable y referencia constante entre los independientes. Así lo ha tenido a gala hasta hace escasas horas. Hasta que, anticipándose al inexorable dictado de la edad, y al objeto de garantizar el futuro de la casa, Herralde, paradigma del editor propietario, en este caso sin sucesor aparente en la dirección editorial, ha decidido vender a una firma italiana, que es vieja amiga y se rige por criterios afines.
En esta circunstancia, conviene sopesar la operación sin dramatismo. Aunque Anagrama es barcelonesa y Feltrinelli es italiana, ambas son editoriales de Europa, ámbito en el que sus propietarios se han movido y se han relacionado con naturalidad. La llegada de Feltrinelli no es por tanto la de un extraño. Ni insólita, puesto que ya operan en Barcelona, y de modo provechoso, grandes grupos editoriales foráneos, de Bertelsmann a Mondadori. Dicho esto, hay que hacer votos para que, pese al cambio de propiedad, Anagrama continúe siendo una firma barcelonesa y siga produciendo, con base aquí, libros, cultura y tendencias. A tal efecto, será bueno que el Govern que ahora inicia su andadura sea consciente de que la industria editorial, en catalán o en castellano, es un sector estratégico prioritario, y que actúe, de ser preciso, en consecuencia.