19 nov. 2012

Muere el escritor Boris Strugatski. Fragmento de la novela "Una merienda junto al camino"



Una merienda junto al camino

Arkádiy y Borís Strugátskiy


Normalmente la literatura y el cine nos presentan a los extraterrestres muy interesados en la Tierra, sus habitantes, sus genes o sus recursos naturales. Pero los hermanos Strugátskiy nos ofrecen otra visión: para los extraterrestres no somos más que hormigas para una familia que ha parado un momento a comer un bocadillo en la pradera del bosque.
De una manera muy natural los autores mezclan varios estilos y géneros, llegando a hablar de zombies y héroes, de hallazgos y pérdidas, de amor y locura.
El libro dio origen a la película de ciencia ficción Stalker (conocida en algunos países de habla hispana como La zona), que salió en 1979 dirigida por el famoso director ruso Andréi Tarkovski. También existe un videojuego homónimo basado en el mismo libro,  STALKER: Shadow of Chernobyl.


Tienes que sacar lo bueno de lo malo, porque no hay más dónde conseguirlo.
R.P. Warren
                                                                

De la entrevista realizada por el corresponsal especial de la radio Harmont al doctor Valentín Pilman con el motivo de la celebración de su premio Nobel de Física en 19…:

–¿Probablemente su primer gran descubrimiento, doctor Pilman, es así llamado radiante de Pilman?
–Creo que no. El radiante de Pilman no es el primer descubrimiento, tampoco tan importante, ni siquiera es un descubrimiento. Y no del todo mío.
–Estará bromeando, doctor. Cualquier alumno de bachillerato conoce el término del radiante de Pilman.
–No me sorprende. El radiante de Pilman, en realidad, fue descubierto por un alumno de colegio. Desgraciadamente no recuerdo su nombre. Consulte en La historia de Visita de Stetson, lo cuenta todo en detalle. Así que el radiante lo descubrió un menor de edad, las coordenadas fueron publicadas por un estudiante, pero por alguna razón le dieron mi nombre.
–Ya, con los descubrimientos a veces pasan cosas raras. ¿Podría explicar a nuestros oyentes, doctor Pilman…?
–Escúcheme, compatriota. El radiante de Pilman no es un concepto bien claro. Imagínese que hago girar el globo y le doy varios disparos de un revólver. Los agujeros en el globo aparecerán siguiendo el trazo de una ligera curva. El concepto de aquello que Usted llama mi "gran descubrimiento" es un hecho muy simple: las seis Zonas de Visita se encuentran en la superficie de nuestro planeta como si alguien le hubiese disparado de una pistola, ubicada en la línea Tierra-Deneb. Deneb es el alfa de la constelación del Cisne. El punto del espacio del que, como si dijésemos, disparaban se llama el radiante de Pilman.
–Gracias, doctor. Queridos harmontenses, ¡por fin nos han explicado bien qué es el radiante de Pilman! Por cierto, ayer se cumplieron justamente trece años desde el día de la Visita. Doctor Pilman, ¿podría dedicar algunas palabras a sus compatriotas en esta relación?
–¿Qué es lo que podría decir? Tengan en cuenta que yo en aquella época no estuve en Harmont…
–Incluso es más interesante saber en qué pensó cuando su ciudad natal resultó ser objetivo de la visita de una supercivilización extraterrestre…
–A decir verdad, pensé que era un timo. Era difícil de imaginar que en nuestro pequeño y viejo Harmont puede ocurrir algo así. Entendería si fuese Gobi, Newfoundland, ¡pero Harmont…!
–Sin embargo, al final tuvo que dar crédito.
–Al final, sí.
–¿Y qué pasó entonces?
–De repente se me ocurrió que Harmont y otras cinco Zonas de Visita… perdón, en aquel momento sólo había cuatro… que todas ellas encajan en una curva muy suave. Calculé las coordenadas y las envié a Nature.
–¿Y no le preocupó el futuro de su ciudad?
–Verá, ya creía en la Visita, pero todavía no me convencían los avisos sensacionalistas sobre los incendios urbanos, monstruos que devoraban selectivamente a niños y viejos, sobre las batallas sangrientas entre los extraterrestres invulnerables y los equipos de tanques reales, altamente vulnerables, pero muy honrados.
–Tenía razón. Recuerdo que los periodistas confundimos cosas en aquel entonces. Pero volvamos a la ciencia. El descubrimiento del radiante de Pilman no es el primero, ¿pero probablemente no será el último de sus aportes al conocimiento sobre las Visitas?
–El primero y el último.
–Pero sin duda suele prestar atención a los estudios internacionales en las Zonas de Visita…
–Sí, de vez en cuando les doy una ojeada a los Informes.
–¿Se refiere a los Informes del Instituto Internacional de las Culturas Extraterrestres?
–Sí.
–Y en los últimos trece años, en su opinión, ¿cuál es el descubrimiento más importante?
–El propio hecho de la Visita.
–¿Disculpe?
–El mismo hecho de la Visita es el descubrimiento más importante no solamente de los últimos trece años, sino de toda la existencia de la humanidad. No importa qué clase de extraterrestres fuesen aquellos, ni de dónde hubiesen llegado, ni para qué hubiesen venido, ni por qué pasarían tan poco tiempo ni a dónde se marcharían después. Lo importante es que ahora los humanos sabemos con certeza que no estamos solos en el Universo. Me temo que el Instituto de las Culturas Extraterrestres ya no podrá conseguir un descubrimiento más fundamental.
–Es curioso, doctor Pilman, pero me refería más bien a los descubrimientos del carácter tecnológico. Aquellos descubrimientos, que podría aprovechar nuestra ciencia y tecnología terrestre. Pues varios científicos respetados consideran que los objetos encontrados en las Zonas de Visita son capaces de cambiar el rumbo de nuestra historia.
–Bueno, yo personalmente no soy partidario de este punto de vista. Y en lo que se refiere a los objetos rescatados, no soy especialista.
–Sin embargo, ya desde hace dos años ejerce de consultor en la Comisión de Visitas de la ONU.
–Sí, pero no tengo nada que ver con el estudio de las culturas extraterrestres. En la comisión mis colegas y yo representamos la comunidad científica internacional cuando surge la necesidad de control del cumplimiento de la resolución de la ONU respecto a la internalización de las Zonas de Visita. En pocas palabras, vigilamos que solamente el Instituto Internacional sea quien puede manejar las maravillas encontradas en las Zonas.
–¿Acaso hay alguien más quien pretende conseguirlas?
–Sí.
–Me imagino que se refiere a los stalkers?
–No sé quiénes son esos.
–Aquí en Harmont llamamos así a los tíos valientes que se arriesgan a entrar en la Zona y traen de ahí cualquier cosa que puedan levantar. Es casi una nueva profesión.
–Entiendo. No, no nos responsabilizamos de ellos.
–Está claro, la policía es quien se ocupa de ellos. Pero sería interesante saber cuáles son sus funciones, doctor Pilman…
–Tenemos que tratar con el flujo ilegal de los materiales de la Zona de Visita a las manos de personas irresponsables y algunas organizaciones. Nosotros nos ocupamos de los resultados de este flujo.
–¿Podría concretar un poco más, doctor?
–Mejor hablemos del arte. ¿Es posible que a los oyentes les interese mi opinión de la hermosa Gvady Muller?
–Por supuesto, pero antes querría terminar con la ciencia. ¿Usted como científico no siente tentación por ocuparse de los hallazgos extraterrestres?
–Bueno, ¿qué podría decir?... Pues sí.
–¿Entonces los habitantes de Harmont podemos esperar que algún día veremos a nuestro compatriota paseando por las calles de la ciudad?
–Es posible.


1. Redrick Schuhart, 23 años, soltero, auxiliar de laboratorio de la sucursal del Instituto Internacional de las Culturas Extraterrestres en Harmont.

El otro día al atardecer estábamos en el almacén, sólo quedaba cambiar el uniforme y marchar al Borzch para tomar alguna gota de las fuertes. Yo estoy de pie, apoyado contra la pared, ya he plegado y tengo un cigarrillo preparado, me muero por fumar, ya van dos horas que no lo hago, pero éste sigue con lo suyo: carga con una caja fuerte, la cierra, la sella, ahora con la otra, levanta las vacías de la cinta transportadora, examina cada una por todos lados (y es que pesa, cabrona, seis kilos y medio, por cierto) y gimiendo la coloca al estante, con mucho cuidado.
Se dedica a las vacías desde hace muchísimo tiempo, y todo sin ningún beneficio para la humanidad. En su lugar, ya lo habría dejado y me pondría a trabajar en otra cosa por el mismo sueldo. Aunque, por otro lado, si te lo piensas, las vacías son una cosa misteriosa y algo irracional. Cuántas de ellas ya he levantado, pero aún así cada vez que la veo, alucino. Nada más tiene dos discos del tamaño de un plato pequeño, de unos cinco milímetros de anchura, la distancia entre ellos es de unos cuatrocientos milímetros, pero, aparte del vacío, entre ellos no hay nada. Es decir, absolutamente nada. Puedes meter ahí la mano, incluso la cabeza, si estás completamente deslumbrado, pero sólo encuentras el vacío, el aire. Sin embargo, hay algo entre ellos, una fuerza, como yo lo entiendo, porque nadie ha conseguido acercar los discos ni separarlos.
No, amigos, esta cosa es difícil de describir si alguien no la ha visto, es demasiado simple a primera vista, hasta que no la veas con tus propios ojos y te das cuenta. Es como intentar describir un vaso o, Dios perdóname, una copa: sólo mueves los dedos y maldices de la impotencia. Bueno, consideremos que ya lo habéis entendido, y si alguien no lo ha hecho, buscad los Informes del Instituto, ahí en cualquier número hay artículos con fotos de las vacías.
Bueno, pues Kiril pelea con las vacías ya casi un año. Yo trabajo para él desde el principio, pero aún no entiendo qué intenta conseguir y tampoco me interesa tanto saberlo. Que lo entienda el mismo, entonces quizá le escuche. De momento una cosa está clara, necesita deshacer una vacía, cueste lo que cueste, diluirla con ácidos, aplastarla con una prensa, fundirla en un horno. Entonces lo comprenderá todo, tendrá honores y gloria, y toda la ciencia temblará del placer. Pero aún está lejos de aquel día. De momento no ha conseguido nada, se ha desgastado, se hizo gris, callado, ahora tiene los ojos de perro, incluso lagrimean. Si fuese otra persona, lo emborracharía como un cosaco, lo llevaría a una mujercita, para que le de movimiento, al día siguiente le volvería a emborrachar y llevar a una mujercita, y así dentro de una semana sería como nuevo, vivo y alegre como una ardilla. Pero este remedio no le sirve a Kiril, ni se lo ofreceré, es de otra especie.
Pues bien, estamos en el almacén, le estoy mirando y veo que el tío ha perdido el aspecto, tiene los ojos hundidos, y me da pena. Entonces me decidí. Es decir, como si no fuera yo, sino que alguien me hiciera abrir la boca.
–Escucha –digo–, Kiril…
Él está aguantando la última vacía con tal pinta, como si estuviera dispuesto a meterse entero ahí dentro.
–Escucha –digo–, Kiril. Y si tuvieras una vacía llena, ¿eh?
–¿Una vacía llena? –repite y mueve las cejas como si le hablase en chino.
–Pues sí –digo–. Esa misma trampa hidromagnética, como se llama… objeto 77B, pero con una cosa azul por el medio.
Veo que empieza a captar. Levanta la mirada, entrecierra los ojos, y tras una lágrima canina aparece un destello de raciocinio, como el mismo se expresaría.
–Espera –dice–, una cosa igual, ¿pero rellena?
–Eso es.
–¿Dónde?
Mi Kiril ya está curado. Como una ardilla.
Vamos a fumar –digo.

Traducido por Maria Rempel

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