6 abr 2012

Virginia Woolf, editora


La publicación del volumen memorialístico de Lonard Woolf 'La muerte de Virginia' (Lumen) nos adentra en la historia de The Hogarth Press, una de las más singulares empresas editoriales británicas

Virginia y Leonard Woolf
Generalmente autores y editores juegan en campos diferentes -aunque no obligatoriamente opuestos-, pero a veces esta distinción se borra. Bastantes escritores han trabajado para editoriales en distintos menesteres literarios, y en algunos contados casos han cogido también su timón empresarial. Es el caso de Benito Pérez Galdós, quien decidió publicar sus propias novelas tras pelearse con su editor habitual. También el de T. S. Eliot, que estuvo muchos años al timón del sello Faber&Faber; el de Carlos Barral, al frente de Seix Barral y Barral editores; o el de Joan Sales, con Club Editor, todos ellos a ambos lados de la barricada.

Virginia Woolf y su marido Leonard crearon en 1917 The Hogarth Press, llamada a ser una de las editoriales que renovarían la literatura británica de entreguerras. La pusieron en marcha como una diversión -a Virginia le encantaba encuadernar-, e invirtieron en sus cinco primeros años de existencia un exiguo total de ciento treinta y seis libras, dos chelines y tres peniques, que cubrieron básicamente gastos de imprenta, y consiguieron consolidar un sello de éxito que dio beneficios año tras año hasta la muerte de Leonard Woolf en 1969.

Entre los libros que publicaron en vida de Virginia figuran los suyos, como Mrs. Dalloway, Al faro o Las olas. También una obra fundacional de la poesía del siglo XX como La tierra baldía, del arriba citado T. S. Eliot, y otras de autores como Katherine Mansfield, E.M. Forster y los integrantes del grupo de Bloombsury casi al completo (Clive Bell, Vita Sackville West, Roger Fry, Keynes...).
Editaron también Adiós a Berlín, de Cristopher Isherwood, y la antología de 1939 Poems for Spain, a favor de la causa republicana española. Tradujeron al inglés la obra completa de Freud, a Rilke y a numerosos autores rusos.

 No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.Virginia Woolf

La filosofía de los fundadores de The Hogarth Press, según recuerda Leonard Woolf en su obra autobiográfica La muerte de Virginia, que acaba de publicar Lumen, consistió en mantenerla como “una editorial pequeña e independiente con un catálogo limitado dleiberadamente a un máximo de unos veinte libros al año. Nunca nos hemos expandido, ni publicado un libro por ningún otro motivo que el convencimiento de que merecía ser publicado. Nunca nos hemos expandido, ni publiccado una obra bajo la presión financiera de los gastos generales”.

Esta filosofía de la “no expansión” provocó tras la Segunda Guerra Mundial, y ya sin la presencia de Virginia (que se suicidó en 1941), la confrontación de Leonard Woolf con su socio John Lehmann, convencido de que para mantenerla saneada la firma debía crecer.

Wolff narra todas las secuencias de esta crisis, que en su esencia representa todo un paradigma clásico de los conflictos de economía editorial contemporáneos. La resolvió convenciendo a sus amigos de otra editorial de prestigio, Chatto and Windus, para que adquirieran las acciones de Lehmann y a la vez se comprometieran a garatizar su independencia en los años siguientes, cosa que -y esto es más raro- los nuevos asociados hicieron. Paradojas de la vida, hoy Hogarth Press y Chatto and Windus forman parte de la multinacional Bertelsmann.

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