23 ene. 2011

Novela romántica: la fiebre del oro rosa

Dicen las puristas del género que una buena novela romántica es una más de tus amigas: no te escucha pero habla de ti, te hace reír y te permite olvidar lo duro que es seguir siendo la princesa de tu propio cuento. Basta pensar en el recuento de calorías diario de Bridget Jones (o en su obsesión con un tal Darcy, clarísimo homenaje a otra reina del género hecha clásico: Jane Austen) para darse cuenta de que no andan desencaminadas.
Pero, ¿en qué punto se encuentra el género hoy? A juzgar por los datos (supone el 7% del total del mercado editorial y es el género más vendido en Estados Unidos y Canadá), aguanta el pulso de la crisis, aunque lo hace, eso sí, a escondidas. "No creo que dé vergüenza comprar una novela romántica, si se compra más por internet o directamente vía descarga para 'e-book' es porque las lectoras de novela romántica compran compulsivamente y van a lo que les resulta más barato", dice Esther Escoriza, editora de Esencia, sello especializado en lo que se entiende como el género en su sentido más puro. Porque sí, la novela romántica existe desde que existen los cuentos populares y, ciñéndonos al papel impreso, desde 1740, año en que se publicó 'Pamela o la virtud recompensada', de Samuel Richardson, el antecedente más directo de los alocados diarios de Bridget Jones; pero son muchas y muy variadas las mutaciones que ha sufrido a lo largo de los años. La exposición 'La novela romántica' que acoge hasta el 18 de febrero la Biblioteca Central de Cornellà reconstruye la historia del género que inauguró, a su manera, Richardson, con una suerte de diario personal de una chica (Pamela Andrews) que pretende ligarse al hijo de su jefe (es la criada una familia extremadamente rica) y lo acaba consiguiendo, y que explotó en los 90 con la penúltima de sus mutaciones: la 'chick lit', esto es, novelas protagonizadas por rubias millonarias y, por qué no, periodistas (como la Carrie Bradshaw de 'Sexo en Nueva York'), o abogadas, o jefas de prensa con complejos (como la citada Bridget).
"Las lectoras más fieles no consideran a la 'chick lit' novela romántica, aunque es cierto que no dejan de ser historias de amor en clave de comedia en la mayor parte de los casos", asegura Escoriza, que descarta que Federico Moccia sea algo más que un 'best seller' puro y duro (en lo que respecta al género). Algo que confirma la editora de Moccia en España, Berta Noy: "Moccia ha logrado como nadie en mucho tiempo conectar con la gente joven, sobre todo con las adolescentes. Y lo ha hecho porque habla su mismo idioma, y en sus libros no hay moralejas ni consejos, son un reflejo de la realidad que viven. No es casualidad que haya sido el autor más vendido en España en 2010".
Precisamente, uno de los componentes claves de la novela romántica es que a lo largo de la historia ha sido un reflejo social de la época en la que se escribía. En las primeras (pensemos en el siglo XIX y en clásicos, como 'Orgullo y prejuicio', de Jane Austen, que, por cierto, nunca se casó pero sí vivió una historia similar a la de Elizabeth Bennet, la protagonista de esta novela), las chicas se mostraban totalmente sumisas respecto a su situación (sólo buscaban las salidas posibles, el acuerdo prenupcial, ese tipo de cosas); en las de finales del siglo XX (pensemos en Danielle Steel y Victoria Holt), aparecen los primeros divorcios y los primeros rincones oscuros de las aparentemente perfectas historias de amor; y en las del siglo XXI, las protagonistas tienen trabajos estupendos que llenan sus neveras y sus armarios, y exigen mucho más a sus pretendientes a príncipe azul.
Porque si en algo insiste la exposición que repasa la historia del género (que dedica un apartado a su aterrizaje en España en los años 30 y a la mujer que más libros ha vendido en España, Corín Tellado) es el tema del príncipe azul y el origen del esquema básico de una novela rosa. Deben existir la princesa, el príncipe y la manzana envenenada (como en Blancanieves), siendo ésta última cualquier tipo de conflicto (familiar, social, económico, político) que pueda haber entre una y otro. "Es evidente que el género proviene de los cuentos de hadas tradicionales", afirma Esther Escoriza, de Esencia. "La gracia de cada libro depende luego de cómo cada autora nos cuenta uno de esos cuentos", añade. Así las cosas y con un prometedor futuro por delante, pues "las novelas de vampiros están ayudando mucho al género y están abriendo una vertiente paranormal que ahora mismo es la que más vende", apunta Escoriza, la novela romántica se mantiene como "uno de los géneros más estables", según la editora, del mercado. Eso sí, lo hace en la sombra, o maquillado lo suficiente como para subirse a las estanterías del 'best seller' (vía Marian Keyes, o el citado Moccia) y pasar como uno más. "Lo único que quieren las lectoras es huir del mundo que las rodea", dice Escoriza. Como dirían las puristas, olvidar que siguen siendo la princesa de su propio cuento.

Fuente: elmundo.es

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