24 nov. 2010

El destilador cultural: "La hija de Cleopatra" cumple a la perfección con los requisitos de su género

El auge de la novela histórica no es una moda pasajera. Recuerde el lector Quo Vadis del premio nobel polaco Henryk Sienkiewicz, Ben-Hur del norteamericano Lewis Wallace, Los últimos días de Pompeya Edward Bulwer-Lytton, Sinuhé el egipcio de Mika Waltari o El dios de la lluvia llora sobre Méjico László Passuth, entre otras muchas, pero ahora se publica muchísimo más en nuestro país y no son pocos los autores patrios que se apuntan al género.
La historia de Roma da para mucha literatura (aconsejo al lector que no se pierda los libros magníficos que sobre ese imperio, determinante de nuestra cultura y que nos explica el presente, tiene escritos Pedro Gálvez). La norteamericana Michelle Moran aborda en La hija de Cleopatra los avatares de Selene, y sus hermanos Ptolomeo y Alejandro, hijos de Cleopatra y Marco Antonio, cuando quedan huérfanos y son trasladados, en su calidad de prisioneros de lujo, a la Roma imperial por el vencedor de la guerra contra Egipto, Augusto, y confiados a Augusta, primera esposa de Marco Antonio. En Roma, Selene se ve envuelta en numerosas intrigas protagonizadas por un misterioso y justiciero defensor de los esclavos, que firma sus proclamas en el templo con el nombre de Águila Roja, y será testigo de la guerra de ambiciones y poderes que sacude la sociedad romana.
Con habilidad, soltura y buen ritmo construye Michelle Moran este thriller histórico en el que los ojos de la hija de Cleopatra, como extranjera, aportan su visión valiosa de ciertas prácticas bárbaras que le causan profunda extrañeza. Como en otras civilizaciones muy avanzadas, la cultura, el cultivo de las artes y el desarrollo del pensamiento no estuvieron reñidos con la crueldad, y la autora norteamericana nos ilustra, entre otras cosas, sobre el triste destino que sufrían las niñas no deseadas, que eran abandonadas en la columna lactaria  (en donde algunas se salvaban por ser amamantadas por voluntarias nodrizas que se apiadaban de su situación) para ser reclutadas, siendo niñas, para los burdeles; lo que valía un esclavo, nada, alimento de las lampreas de los estanques; cómo se remataba a los gladiadores malheridos o los juicios públicos que llegaban a condenar a muerte a todos los siervos de un patricio por el delito de uno de ellos.
La hija de Cleopatra es una novela atractiva, bien escrita, con diálogos abundantes pero bien construidos, perfectamente desarrollada de principio a fin y que cumple a la perfección con los requisitos de su género, el de deleitar instruyendo.

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