8 feb. 2011

Marta Fernández (la CUATRO) recomienda LA MALA FAMA


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Hoy quería hablaros de otra cosa. Pero Internet tiene caminos que la razón no entiende. Y esos caminos, después de muchos años, me han traído las palabras de Gina. Bajo el disfraz de un correo electrónico, se esconde la calidez de una larga carta. Leo los párrafos, uno tras otro y casi me imagino la letra ágil y un poco deslavazada de mi amiga. Gina es así: es capaz de empaquetar todo el sentimiento del mundo en ochocientas palabras y darle al send para que cruce el Atlántico.

Hubo un tiempo en el que nos escribíamos todos los días. Los avatares de la vida se llevaron a Gina a miles de kilómetros de aquí y yo echaba de menos sus palabras, su ingenio, su sabiduría, su brillantez y sus flechas siempre acertadas. Y como nuestros relojes se habían desincronizado a fuerza de saltar meridianos, el correo suplió los cafés que ya no podíamos tomarnos. Hablábamos y hablábamos. Y el correo de Gina era la chispa que encendía mis neuronas, la bombilla reluciente que iluminaba mis días. Supongo que mis palabras eran el eco de un trabajo que dejó sin dejar del todo.

“Los trabajos no son más que un micromundo de la vida”, me dice Gina en su última carta. En aquel laboratorio del mundo nos conocimos: en el profundo sótano de CNN+, en la planta más proscrita y más divertida de Torre Picasso. En aquel sotanillo fuimos brutalmente felices y tontamente desgraciados. En aquella redacción de colores chillones y noticias oscuras, unos cuantos periodistas vivimos, reímos, crecimos, nos enamoramos, pasamos noches en vela sin ver llegar jamás la mañana, hicimos la guerra y firmamos la paz y hasta un día creímos ver cómo el mundo se acababa. Pero el mundo siguió y fue el sotanillo lo que desapareció para siempre. La cadena se mudó y nos hicimos mayores de repente. Y Gina se termino marchando.

Muchas veces la vida nos acerca y nos separa como un tango perverso. A nosotras nos coló de por medio demasiados kilómetros. Y un mal día las dos nos callamos. Hasta que hace unas semanas un pájaro azul picoteo la pantalla del ordenador de Gina. Allá, en la lejana España, una amiga mandaba una paloma mensajera diciendo “aún te sigo”. Y no hicieron falta más palabras.

Esta mañana Gina me ha escrito. Y hemos vuelto a tender el hilo que con tantas palabras habíamos tejido. También por esto Internet es un gran invento. “Porque no es justo perder lo que se ama”.

Fuente: Cuatro

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