11 mar 2012

Lectores distraídos por Facebook y Twitter

POLÉMICA 
Quienes leen libros electrónicos en tabletas con conexión a internet se empiezan a quejar. Dicen que la tentación de tener a Twitter y a Facebook al alcance de la mano les impide concentrarse en su lectura.
Sábado 10 Marzo 2012


Al hablar sobre la nueva resolución del iPad 3, lanzado el jueves pasado en San Francisco, Peter Schiller, de Apple, señaló que la nueva pantalla era tan nítida que “cuando usted lea un libro va a tener en frente un texto que rivaliza con todo lo que ha visto en libros impresos”. Eso sucedió un día después de que el diario The New York Times publicó un artículo en el que se refería precisamente a que leer libros electrónicos era difícil no solo en el iPad, sino en todas las tabletas.

Curiosamente, la razón no era la falta de resolución, sino las múltiples distracciones que impiden al lector sumergirse en el solitario placer de una buena lectura. El artículo menciona casos de personas que mientras leen deben luchar con la tentación de chequear el email, buscar una palabra en Google, seguir los trinos de alguien en Twitter, comentar algo en su perfil de Facebook, ninguna de las cuales existiría si estuviese frente a un libro impreso.
El artículo sentencia que millones de consumidores que han comprado estas tabletas de Amazon, Apple y Barnes and Noble han llegado a la conclusión de que con ellas “es cada vez más complicado sentarse a leer atentamente un texto”. Muchos han comprado libros electrónicos pero nunca los terminan, y otros tienen que esperar a estar en un avión en pleno vuelo, donde no hay conexión a internet, para poderse concentrar. Estas anécdotas vienen acompañadas de un sondeo entre editores de libros, quienes ya no se muestran tan entusiasmados con estos aparatos. Hace un año, 46 por ciento de ellos creía que las tabletas eran el medio ideal para leer libros electrónicos; este año esa cifra bajó a 31 por ciento.

James McQuivey, de Forrester Research, compañía que hizo el sondeo, le dijo al diario que las tabletas son una tentación y “a toda hora están diciéndole al usuario ‘podrías estar en YouTube ahora mismo’, o le está mandando con frecuencia mensajes de alerta de que recibió un email. La lectura tiene que competir contra eso”.

Hace un año, la firma Nielsen encontró mediante un estudio que las personas tardaban 20 minutos más en leer un libro en el Kindle o el iPad que en la versión impresa. Aunque no se estableció la razón, muchos citan este trabajo como prueba de que la gente pierde la capacidad de enfoque y de que estos aparatos digitales todavía no son capaces de replicar la experiencia del libro de papel. Precisamente uno de los motivos por los cuales en 2007 Amazon lanzó su Kindle sin más aplicaciones que la de leer fue que la gente pudiera dedicarse a leer sin perturbaciones.

Algunos expertos consideran esta critica exagerada y sin fundamento, pues se basa en anécdotas y no en estudios serios. Mario Jursich, director de la revista El Malpensante, considera que además de la tentación de navegar por internet hay otros obstáculos más importantes como el reflejo de la pantalla que cansa los ojos. “En el Kindle es gris y en el iPad es muy brillante”. Para él, la opción de detener la lectura para revisar el significado de una palabra o averiguar un dato no es una interrupción negativa, sino un aporte para comprender mejor el libro.

Alexis Madrigal, editor de la revista The Atlantic, piensa que el fenómeno de distraerse mientras alguien lee un libro no está limitado a los textos electrónicos, pues cualquiera puede distraerse hasta con una mosca. “¿Con qué frecuencia la gente se distraía antes y cómo sabemos que las cosas son peores ahora?”, se pregunta Madrigal.

A pesar de todo, Matt Richtel, autor del polémico artículo, cree que las tabletas van a seguir en auge y con el tiempo volverán obsoletos los aparatos dedicados a los libros electrónicos. Para muchos la solución es desconectar internet antes de abrir el libro en el iPad. Otros creen que si las interrupciones son muy constantes es simplemente una señal de que ese no es el momento para leer. También están quienes piensan que los libros electrónicos los han convertido en lectores más exigentes, que demandan de los autores una prosa de mayor nivel que los atrape y que los aleje de las tentaciones de la red.

http://www.semana.com/

10 mar 2012

Apple y grandes editoriales de EE.UU. acusados de conspirar para encarecer libros electrónicos

El Departamento de Justicia de Estados Unidos se dispone a demandar al titán informático Apple y a cinco de las principales editoriales de ese país por considerar que formaron un cartel que en 2010 conspiró en secreto para aumentar el precio del libro electrónico, ante la competencia de Amazon y su lector Kindle, según reveló esta semana el diario neoyorquino The Wall Street Journal.

iPoo Toilet (Retrete iCaca), diseño creado por Milos Paripovic

Aparte de Apple, el Gobierno de EE UU prepara una demanda contra las casas editoriales Simon & Schuster, Hachette Book Group, Penguin Group, HarperCollins Publishers y Macmillan. Algunas de las empresas implicadas están en negociaciones con la justicia para resolver el caso fuera de los tribunales, según personas que han tenido acceso a las investigaciones, entrevistadas por el diario estadounidense.
En el centro del caso y de la demanda se halla el modelo mismo de negocio del libro electrónico, que ha efectuado notables avances en Estados Unidos en los años recientes gracias a la introducción de nuevos dispositivos de lectura, como los modelos de Kindle, que desde 2011 se comercializan también en España. Amazon no ofrece cifras exactas de ventas, pero en un comunicado de diciembre dijo que registraba ventas de un millón de dispositivos por semana.

La prominencia de Amazon en ese mercado es lo que llevó a Apple y a las editoriales a pactar en secreto una forma de cambiar el modelo de cobro para aumentar el precio del libro electrónico. El primer Kindle apareció en el mercado en noviembre de 2007. Entonces, Amazon comenzó a vender libros por 9,99 dólares, un precio sensiblemente menor al de las ediciones de papel en tapa dura y bolsillo en grandes superficies como Barnes & Noble o Border’s.

Aquello desencadenó una ola de nerviosismo entre las editoriales, porque consideraban que el consumidor se acostumbraría a un precio excesivamente barato, como finalmente ha sucedido. Ayer, los cinco libros más vendidos en el portal norteamericano de Amazon van de los 0,99 y los 7,70 dólares. La industria, sin embargo, trató de forzar un cambio aprovechando el lanzamiento en 2010 del iPad, la tableta de Apple.

Tal y como queda reflejado en una reciente biografía de Steve Jobs, escrita por Walter Isaacson, el consejero delegado de Apple, fallecido el pasado mes de octubre, quiso forzar un cambio hacia lo que denominó un modelo de agencia. “Les dijimos a los editores: ‘Iremos hacia un modelo de agencia, en el que vosotros estableceréis el precio, nosotros nos quedaremos el 30%, y sí, el cliente pagará algo más, pero eso es lo que vosotros queréis de todos modos”, afirma Jobs en el libro. “Ellos fueron entonces a Amazon y le dijeron: ‘Vais a aceptar el contrato de agencia o no os daremos los libros”.

Ese es precisamente el modelo con el cual Apple entró en el mundo de las ventas musicales con el portal y reproductor iTunes, luego ampliado a las aplicaciones informáticas con su teléfono iPhone. Ante su éxito, y según alega ahora el Departamento de Justicia en Washington, las editoriales conspiraron con la empresa de Jobs para instaurar ese modelo, de forma exitosa. Posteriormente lo impusieron sobre Amazon, que inicialmente se resistió. Finalmente dio marcha atrás al ver cómo algunos títulos de éxito eran retirados de su tienda online.

Justicia considera que Apple y las editoriales actuaron de forma pactada para acabar perjudicando al consumidor. Según el Journal, los fiscales alegarán en esa demanda que, además, la empresa que lideró Jobs llegó a un acuerdo con los editores para que no ofrecieran sus libros a un precio menor a otros portales de venta, como el de Amazon, impidiendo una competencia libre.

No son estos los únicos problemas de Apple y las editoriales en el sector del libro. En diciembre, la Comisión Europea abrió una investigación para determinar si la empresa fabricante del iPad incurrió, junto a Hachette Livre, Harper Collins, Simon & Schuster, Penguin y Verlagsgruppe Georg von Holzbrinck, en prácticas monopolísticas para aumentar el precio de los libros. Además, en agosto ya se había presentado en EE UU una demanda colectiva contra Apple y las cinco editoriales ahora investigadas por Justicia por incurrir en la misma práctica y perjudicar al consumidor.

Según un reciente informe de la consultora Juniper Research, el año pasado se vendieron en todo el mundo libros electrónicos por valor de 3.200 millones de dólares. Esa cifra aumentará hasta 9.700 millones en sólo cuatro años, indican las predicciones en ese estudio.

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9 mar 2012

Grupos parlamentarios creen que el libro electrónico necesita IVA reducido

19:56h | lainformacion.com
La Comisión de Cultura del Congreso ha instado al Gobierno a realizar las gestiones necesarias en las instituciones europeas para que, con la mayor celeridad posible, se pueda aplicar al libro electrónico el mismo IVA reducido que se aplica a los libros en papel. 

Madrid, 8 mar.- La Comisión de Cultura del Congreso ha instado al Gobierno a realizar las gestiones necesarias en las instituciones europeas para que, con la mayor celeridad posible, se pueda aplicar al libro electrónico el mismo IVA reducido que se aplica a los libros en papel.
La iniciativa ha sido una proposición no de ley del grupo de UPyD, que pedía al Gobierno unificar el IVA en los dos formatos del libro, y ha sido modificada durante el debate y aprobada finalmente por unanimidad, pues todos los grupos han coincidido en que esta diferenciación es "anacrónica".
El diputado de UPyD Toni Cantó ha explicado que es "absurdo" que a los libros se les aplique un IVA reducido del 4% y que, al mismo libro, descargado de Internet, se le aplique el 18%. "En el libro lo importante es su contenido, no su formato", ha señalado.
"No podemos ir en contra de la sociedad de la información", ha alertado el diputado, quien ha considerado que el Gobierno de España sí tiene capacidad para cambiar este "anacronismo" de la aplicación del IVA.
Todos los grupos parlamentarios han coincidido con las observaciones del portavoz de UPyD, aunque los portavoces de los populares y los socialistas han señalado que "nos debemos a la legislación comunitaria".
Esta legislación establece que el IVA reducido puede aplicarse a los libros convencionales en papel y también a los electrónicos, pero solo en el caso de que estén en un soporte físico (como por ejemplo un DVD o un dispositivo USB).
La normativa europea prohíbe aplicar el IVA reducido a los servicios prestados por medios electrónicos, con independencia de que sea un servicio cultural, han recordado los dos grupos mayoritarios, que, en consecuencia, han propuesto la modificación del texto original para pedir al Gobierno que gestione en Europa un cambio en esta doctrina.
No obstante, el disputado de Izquierda Plural Chesús Yuste ha replicado que Francia y Luxemburgo han adoptado decisiones en este sentido a pesar de estas directivas europeas.
Yuste y Cantó han advertido de que la industria incipiente en España en este sector tiene que competir en desigualdad de condiciones con multinacionales que vienen de fuera y que están ocupando el mercado.-
(Agencia EFE)

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El estado de excepción lingüístico

Arcadi Espada


El periódico sitúa el asunto de la inmersión lingüística en el terreno jurídico. Tiene motivos coyunturales. Pero es un camino cegado. Lo único que podría acabar con la inmersión lingüística es la política. La política que el Partido Popular y el PSOE se han negado a practicar durante tres décadas. Esconderse detrás de los jueces está ya demasiado visto. Este auto del tribunal catalán sitúa en su punto las cosas: le dice a ciudadanos españoles que vayan a pedir, a rogar, a suplicar, por su lengua. En esta humillación del que en su propio país ha de acudir a una ventanilla de provincias para que le concedan la misericordia de que sus hijos puedan estudiar en la lengua común está resumido todo el asunto. Los jueces, con las manos siempre bien lavadas, se limitan a aplicar el estado de excepción que ha decretado mucho antes la política.

Prefiero el cuento de Blancanieves que el de Reforma Laboral


15 nov 2011

La biblioteca pública, ¿otro ’lujo’ que no nos podemos permitir?

El autor, profesor de la Universidad Complutense, hace un llamamiento para que las bibliotecas sigan siendo públicas. Un derecho a la cultura recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25) y que se encuentra amenazado en el momento actual. Las bibliotecas, "en épocas de crisis, sirven de refugio a millones de ciudadanos", explica, entre otras cosas, este artículo.

La crisis a la que nos ha conducido el capitalismo de casino que vivimos va acompañada de un discurso reaccionario según el cual parece ser que es muy costoso mantener los derechos de los ciudadanos. Así, el trabajo decente es un privilegio, según nos recuerdan continuamente; la sanidad y la educación han pasado a ser un lujo insostenible de ciudadanos consentidos por gobiernos bondadosos que nos han estado manteniendo a la sopa boba; los funcionarios, una carga insoportable; las pensiones, en el futuro no podrán mantenerse. El derecho a la cultura y a la información, en este contexto, ya parece un lujo extravagante.
Se trata de un ataque al Estado del bienestar que viene ya de lejos y que se sustenta en una serie de falacias que autores como Vicenç Navarro han ido desmontando. En España el nivel de gasto social está por debajo de la media de la Europa de los 15, los países de “nuestro entorno” con los que debemos medirnos (España tiene un nivel de riqueza del 94% del promedio de la UE-15 y su gasto público social es sólo un 74%, según publicaba Navarro hace unos días); lo mismo ocurre con el número de funcionarios y otros indicadores del estado del bienestar, estado que es producto de una serie de luchas históricas para conseguir unos derechos sociales que permitan un nivel de vida digno, como proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25).
Los derechos económicos, sociales y culturales no son ningún lujo, sino una exigencia a la que no podemos renunciar si queremos pertenecer a una sociedad democrática. Y en una sociedad democrática no estaría mal que las prioridades económicas y la distribución de ingresos y gastos fueran cuestiones en las que la ciudadanía tuviera algún papel, y no sólo esos dos entes que se han convertido en la gran coartada: “Europa” y “los mercados”.
Según la Constitución Española, tantas veces invocada cuando interesa e ignorada también cuando interesa, “la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (art. 128.1). El ataque al Estado del bienestar y la crisis económica y social provocada por prácticas económicas irresponsables socialmente, por políticas económicas erradas y por la ideología neoliberal, van enviando a millones de personas a engrosar las cifras de pobreza (¡casi 9 millones de pobres ya en nuestro país!) y exclusión social.
Precisamente este escenario de crisis debería conducir a políticas de ayuda y protección a los sectores más vulnerables. Uno de los instrumentos más eficaces para ayudar a estos sectores es la educación, que, como estamos viendo va hacia un modelo de beneficiencia para las capas de menor poder adquisitivo, anulando así su potencial para ayudar a que las personas puedan llevar a cabo sus proyectos vitales. Y muy directamente relacionadas con la educación están las bibliotecas públicas, que protegen los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación para toda la población. Como no podría ser de otra forma dentro del modelo que se quiere imponer de “sálvese quien pueda”, las bibliotecas públicas también están sufriendo recortes inadmisibles de presupuestos, de horarios y de personal. Sin embargo, en épocas de crisis, las bibliotecas públicas sirven de refugio a millones de ciudadanos que tienen bajo nivel adquisitivo y, por consiguiente, pocos recursos.
LA FUNCIÓN SOCIAL Y EDUCATIVA DE LAS BIBLIOTECAS
En febrero de 2010 se redactó la Declaración de Murcia sobre la Acción social y educativa de las bibliotecas públicas en tiempo de crisis. En ella se dice que las bibliotecas cumplen una función social y educativa en todo momento, pero, “particularmente, pueden ser un recurso fundamental de inclusión y promoción social cuando la crisis económica incrementa el número de personas en paro, precariedad laboral, vulnerabilidad o exclusión social”. En épocas de crisis especialmente “hay que transmitir y hacer que la sociedad conozca la función de la biblioteca como institución de formación permanente, inclusión social y puerta de acceso a la sociedad de la información para todos”. Además, se dice, “la biblioteca debe atender especialmente las necesidades inclusivas y educativas de las personas y colectivos más vulnerables”.
Hace unas semanas el profesor José Antonio Gómez (Universidad de Murcia) decía en un foro de discusión: “Nos necesitan [refiriéndose a las bibliotecas] los cinco millones de personas en situación de desempleo, la mitad de la población española sin acceso a Internet en su hogar, los casi ocho millones de alumnos de la Educación obligatoria o más del 20% de la ciudadanía que se encuentra por debajo del umbral de la pobreza”.
No podemos seguir aceptando el discurso que sugiere que los derechos sociales no son derechos humanos, o bien que son para épocas de vacas gordas. Precisamente en épocas de crisis es cuando los derechos sociales son más necesarios, ya que son derechos solidarios y su función es garantizar un nivel de vida digno a todo ser humano, además de dar oportunidades a las capas más desfavorecidas. De hecho, en la crisis de 1929 los servicios públicos, concebidos precisamente para atender los derechos sociales, pasaron de ser un paliativo de los fallos del mercado a ser un instrumento de regulación del capitalismo.
La biblioteca es un servicio esencial para ejercer los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación, sin los que el ciudadano no puede participar en la vida social y cultural. La crisis económica no debe ser una excusa para recortar presupuestos destinados a ella, sino un motivo para fortalecerla, si no queremos volver al modelo de beneficiencia del siglo XIX, cuando los pobres no tenían derecho a nada, sino que recibían la vergonzante caridad de los ricos. La biblioteca pública es un derecho que debemos defender sin el menor titubeo
* Pedro Lópe López es Profesor de la Universidad Complutense Miembro de la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas

2 nov 2011

28 oct 2011

El libro: un proceso, un subproducto, una conversación

Jeff Jarvis | BuzzMachine
Megan Garber, de Nieman Lab, ha escrito un post maravilloso sobre la naturaleza de los libros y la conversación, utilizando como ejemplo mi libro. Es, como ha dicho Jay Rosen, demasiado bueno para resumirlo. Así que por favor, leedlo.
Me encanta el artículo de Garber, no sólo porque dice que “el 90 por ciento de las críticas de Morozov son totalmente injustas”, refiriéndose a algo que se supone es una crítica de mi libro. También me gusta porque Garber ofrece la crítica más seria de mi libro hasta la fecha.
Escribí un libro sobre compartir. Pero un libro es una mala forma de compartir.
El libro, dice Garber, está “diseñado para adelantar libros dentro del mercado, más que como un mercado de ideas. Está dirigido a la publicidad más que a lo público, a vender objetos más que a impulsar los argumentos que contienen”.
Garber tiene razón. Confieso mi hipocresía por escribir mis dos libros sobre otras bases: no los he hecho digitales, cliqueables, corregibles, enlazables... Los hice para que me pagasen, publicasen, promocionasen y distribuyesen (aunque con el cierre de Borders esa última función es menos valiosa). Garber apunta como atenuante que he compartido mis ideas sobre lo público en mi blog antes de escribir el libro.
 “El profesor ha estado predicando sobre lo público durante años (en Buzzmachine, en su columna de The Guardian, en conferencias, en televisión, Twitter, la radio, sus Tumblr). Si sigues a Jeff Jarvis, sigues Public Parts. Has visto cómo se han ido formando con el tiempo sus pensamientos sobre lo público. El libro que ha resultado de ese proceso público (el artefacto privado) es secundario. Es el resultado comercial de una misión comunitaria”.
Está siendo demasiado blanda conmigo. Mientras escribía el libro sí compartí y discutí muchas de las ideas en mi blog. Eso puede ser una forma de colaboración y edición. Pero no hice lo suficiente, en lo que a mi respecta. Estaba tan ocupado investigando, escribiendo y editando el libro que me olvidé del blog.
Tal y como apunta Garber, en Public Parts digo que debería de intentar hacer que mi siguiente proyecto (si es que decido asumir alguno) sea distinto.
 “Al final de Public Parts Jarvis menciona que su siguiente proyecto quizás no sea un libro, sino un ‘libro sin un libro’: una serie de eventos públicos ‘godinescos’ celebrados en persona y online. ‘El libro’, escribe Jarvis, ‘si es que lo hay, será un sucedáneo, y quizás una herramienta de marketing para otros eventos.
El libro, si es que lo hay. El libro, un subproducto. Imaginad las posibilidades”.
Todavía estoy trabajando en qué podría ser. Así que dejadme que comience el proceso y que exponga mis primeras ideas aquí para escuchar lo que pensáis al respecto.
Empiezo por el artículo de Kevin Kelly en 2006 en The New York Times Magazine en donde plantea que los autores se acabarán apoyando en actuaciones (y la reacción asombrada de John Updike a ese “escenario bastante espeluznante”). Yo sugiero que los autores se conviertan en actores después de hacer sus libros.
Estoy sugiriendo, tal y como hacer Garber, que las charlas, los eventos, congresos, blogs, reuniones... (cualquier tipo de debate con gente inteligente) deben de realizarse antes del libro. El proceso se convierte en el producto; el libro (si lo hay) es un subproducto.
Pongo un ejemplo: hace tiempo que quiero explorar el impacto de una idea sencilla, que la tecnología conduce ahora hacia la eficiencia, por encima del crecimiento. He escrito varios post sobre ello. El debate ha sido asombroso por su inteligencia, perspectiva y generosidad. Mejoró aún más cuando el fundador de Y Combinator, Paul Graham, escribió sobre ello en Hacker News preguntando qué hace diferente a esta revolución (la digital frente a la industrial). Hubo respuestas increíbles. Me llevó varias horas leerlas todas, tomando muchas notas.
Eso hizo que me decidiese a proponer el tema como una conferencia de South by Southwest. Si la aceptan, tendré una fecha límite para mi investigación. Pero mientras tanto quiero (no, necesito) más conversaciones al respecto.
Eso me lleva a una idea para un nuevo negocio. No quiero realmente iniciarlo o gestionarlo. Tan sólo desearía que existiese para así poder usarlo.
Llegó la hora de cambiar el negocio de las conferencias y las charlas y dar alguna medida de control a los que intervienen (también conocidos como autores) y a su público (antes conocidos, como diría Jay Rosen, como audiencias). Deseo que haya una forma de apoyar el trabajo de autores y pensadores, apoyo en forma de debate, atención y colaboración, además de dinero.
Así que imaginaos esto: los autores deciden celebrar su propio evento. Si tienes la marca y la popularidad de, por ejemplo, Seth Godin (o, en el terreno de las ventas, de Jeffrey Gitomer), puedes llenar fácilmente un gran auditorio con seguidores. Cada uno de ellos podría hacerlo. Pero tipos como yo ni tenemos la marca ni el poder promocional para hacerlo. Así que digamos que me junto con uno o dos autores más y proponemos un evento para debatir sobre lo que estamos haciendo.
Kickstarter parece una plataforma ideal para descubrir si hay suficiente demanda para apoyar una reunión de ese tipo, al menos para empezarla. Si se inscriben suficientes personas, los autores pueden alquilar un espacio: no hay riesgo. La empresa con la que sueño se encargaría de la logística a cambio de una tarifa. También podría ser una plataforma para grupos que se quieren reunir, organizar conferencias sin organizadores de conferencias.
El evento, desde mi punto de vista, no trata de darle discursos a la audiencia, sino de conversar. El autor necesita aportar valor: una presentación, una charla, un conjunto de ideas o de desafíos. Pero lo que yo busco es la conversación; ir más allá en el desafío de las ideas y reunir perspectivas. El evento se podría retransmitir a través de streaming a un público más amplio. Podría ser grabado y compartido online para difundir a través de blogs, Google+, Twitter, Facebook, YouTube y demás.
Adviértase que no se trata de contener las ideas, sino de compartirlas. Eso es de lo que hablamos Garber y yo.
¿Hay un libro? ¿Por qué debería de haberlo? Porque un libro puede recoger las ideas y la investigación que surge de este proceso. Puede aportar la disciplina que el formato (y un buen editor, como el mío) exige. Puede difundir las ideas aún más allá, a mucha más gente que no quiso sumarse al proceso y a la conversación.  Puede hacer que las ideas duren más (en Public Parts cito a la especialista en Gutenberg Elizabeth Eisenstein, cuando dice que la Biblia de Gutenberg ha resultado ser un depósito de datos mucho más duradero que el disquete de ordenador).
Si hay un libro ¿se imprime? Esa posibilidad decrece día a día. Así que si sólo es electrónico, puede tener un formato diferente, incluyendo vídeos del proceso, fotos y gráficos para ilustrar algunos puntos y enlaces permanentes para apoyar la conversación que tiene lugar en internet.
Así que de nuevo volvamos a la disculpa por el libro que no hice en “What would Google do?” (digital, cliqueable, con enlaces, editable, actualizable y parte de una conversación). Hay algunos problemas: las conversaciones pueden ser invadidas por trolls. No hay una certidumbre económica. Se pueden dar pasos equivocados.
Pero ¿podemos acercarnos al ideal de Garber? Bueno, lo sabremos cuando lo veamos. Pero si seguimos este camino, tenemos un modelo frente al que medirlo: el que Garber establece en su gran post.
 “Nuestras asunciones sobre la propia información están cambiando, modificando ‘las noticias’ de una mercancía básica a una comunidad, de un producto a un proceso. Los mismos cambios que han trastocado al sector de las noticias inevitablemente cambiarán al sector del libro. Public Parts ofrece cierto atisbo de lo que puede ocurrir. Los libros como comunidad. Los libros como conversación. Los libros como ideas que evolucionan a lo largo del tiempo (ideas que giran, cambian e inspiran) y que, como tal, tienen el potencial de impactar viralmente”.
¿Pueden los libros hacerse virales? Lo pregunta Garber. Quizás, si se les permite ser más que libros.

Fuente: http://233grados.lainformacion.com

26 oct 2011

¿Por qué leer a través de Internet no es lo mismo que leer un libro?


Leer textos a través de Internet, mayormente hipertextos, no parece ser lo mismo que leer un texto fuera de Internet, mayormente un texto plano. Sobre todo si nuestra intención es aprender.
La intuición parece decirnos lo contrario: si la cuestión es aprender, lo mejor parecer ser que el texto esté jalonado de vínculos que enlacen con otras páginas, así se conseguirá una suerte de conocimiento interconectado, global, orgánico, de perspectiva múltiple, etc.
Pero la investigación sugiere, en base a los efectos cognoscitivos del hipertexto, que éste no es ninguna panacea para la educación del futuro. El mayor handicap es que el la propia estructura del hipertexto dificulta la lectura: implica la realización de tareas muy exigentes ajenos al acto de leer en sí mismo, tal y como señala Nicholas Carr en Superficiales:
Descifrar hipertextos es una actividad que incrementa sustancialmente la carga cognitiva de los lectores; de ahí que debilite su capacidad de comprender y retener lo que están leyendo. Un estudio de 1989 demostró que los lectores de hipertextos a menudo acababan vagando distraídamente “de una página a otra, en lugar de leerlas atentamente”. Otro experimento, de 1990, reveló que los lectores de hipertextos a menudo “no eran capaces de recordar lo que habían leído y lo que no”. En un estudio de ese mismo año, los investigadores hicieron que dos grupos de personas respondieran a una serie de preguntas mediante consultas a un conjunto de documentos. Un grupo consultó documentos electrónicos dotados de hipertextos, mientras que el otro consultó documentos tradicionales impresos en papel. El grupo que consultó documentos impresos superó en rendimiento al grupo dotado de hipertextos a la hora de completar su tarea.
Podríamos pensar que el hipertexto requiere más carga cognitiva porque no estamos habituados al hipertexto. Es decir, que con el transcurrir de los años, la gente se acostumbraría a la arquitectura del hipertexto. Pero no ha sido así. Los efectos continúan nocivos de leer hipertextos siguen siendo idénticos: los lectores de texto lineal entiende más, recuerda más y aprende más que aquellos que leen texto salpimentado de vínculos dinámicos.
En 2005, Diana DeStefano y Jo-Anne LeFevre, psicólogas del Centro de Investigación Cognitiva Aplicada de la Universidad de Carleton (Canadá), sometieron a revisión exhaustiva nada menos que 38 experimentos ya realizados en relación con la lectura de hipertextos.
La mayoría de las pruebas indicaba que “las crecientes demandas de toma de decisiones y procesamiento de la lectura”, especialmente en contraste con “la presentación lineal tradicional.” Concluyeron que “muchas prestaciones del hipertexto aumentaban la carga cognitiva, pudiendo exigir mayor memoria de trabajo de la que tenían los lectores.”
Otra cosa es que pedagógicamente se convenga que los contenidos bien diseñados, donde se combinan explicaciones o instrucciones auditivas y visuales, puedan mejorar el aprendizaje del lector. Eso se sostiene porque nuestros cerebros usan canales diferentes para procesar lo que vemos y oímos. Internet, sin embargo, no ha sido diseñada por educadores para optimizar el aprendizaje: todo se presenta de forma desequilibrada, de una forma que no deja de fragmentar la concentración.
La Red es, por su mismo diseño, un sistema de interrupción, una máquina pensada para dividir la atención. Ello no resulta sólo de su capacidad para mostrar simultáneamente muchos medios diferentes. También es consecuencia de la facilidad con la que puede programarse para enviar y recibir mensajes. La mayoría de las aplicaciones de e-mail, por usar un ejemplo obvio, están configuradas para comprobar automáticamente si hay nuevos mensajes cada cinco o diez minutos; y muchos usuarios actualizan rutinariamente, con el mismo fin, la bandeja de entrada, por si esta frecuencia no fuera suficiente. (…) Más allá de la influencia de los mensajes personales (no sólo por e-mail, sino también instantáneos o los telefónicos), la Web nos suministra cada vez más notificaciones automáticas.
Internet, pues, exige multitarea mental continua. Y además nos gusta, nos produce placer que se nos interrumpa con nuevos eventos y noticias. Para nuestro cerebro, este tipo de información anecdótica es adictiva. Y el hipertexto alimenta esa adicción. Interrumpiéndonos. Dificultando la lectura de textos lineales sostenidos que precisan de concentración.
Así que no siempre es lo mismo leer a través por Internet que leer un libro. Aunque todos quisiéramos que fuera así.
Si queréis profundizar en este tema, de cómo Internet nos vuelve más tontos pero también más inteligentes (según el tipo de inteligencia que estemos midiendo), os recomiendo otro artículo que escribí al respecto en la revista Mètode, de la Universidad de Valencia. Y, por supuesto, el libro de Nicholas Carr Superficiales.
Y espero que los hipervínculos del texto no os hayan distraído demasiado.

18 oct 2011

Metáfora de la industria editorial