![]() |
| Ficha del libro |
Fuente: Qué leer
Evidentemente, el nombre de Humphrey obedece, sin duda alguna, a la profesión de nuestro hombre y, tal vez, a su sentido pragmático e irónico de ver la vida, así, como a cierta distancia. Porque, la verdad, de violento Basilio tiene bien poco (más bien se confiesa él mismo torpe con los puños e incapaz de empuñar un arma, ya sea blanca o de fuego); de solitario, lo justo, pues siempre puede contar con su vecino y colaborador Billy Ray Cunqueiro -gallego de Orense con aspiraciones neoyorquinas-, el comisario Jareño -su proveedor oficial de casos a investigar-, el Sargento García -exlegionario con la sensibilidad a flor de piel para quien las estrellas nocturnas son defectos de fabricación del cielo- o el Tío Matías, capo calorro por cuyas manos pasan todos los negocios turbios del barrio a la vez que se puede manifestar, sin despeinarse siquiera, por unas calles libres de drogas; y de mujeriego, en sueños, porque en la realidad se tiene que conformar con una puta de cabecera siempre dispuesta -Maruchi la Desdentá, imagínense ustedes cuál es la especialidad de la casa- y algún ligue imprevisto que le permite alegrar la jornada. Pero esto último muy esporádicamente, no se crean ustedes que todos los días es fiesta en casa de Céspedes.Sinopsis: Barcelona está a punto de vivir un escándalo político sin precedentes. Naima Dati, magrebí y concejal del distrito de barrios históricos Ciutat Vella, tiene poderosos enemigos dispuestos a perseguir y acosarla para que dimita de su cargo.
La investigadora Alexia Hurtado sospecha que se trata del mayor escándalo de especulación y mobbing inmobiliario de la historia de la ciudad. Una trama que desvela la lucha por dos modelos de ciudad: la que defiende el crecimiento y el paisaje, frente a la que se preocupa por el paisanaje. Interés económico frente a política social. Dos mujeres contra un sistema.
Me he apostado una cena a que el libro de papel sobrevivirá al libro electrónico. Ha sido bastante imprudente por mi parte, si tenemos en cuenta que el adversario es un reconocido escritor, conocedor del mundo editorial y las nuevas tecnologías mucho más que yo que, en realidad, ando pez en las dos cosas. Pero hay veces en las que uno se obceca, y yome obcequé. Esgrimí que son asuntos independientes que tienen utilidades distintas y que, por eso, convivirán. El libro electrónico tiene ventajas de peso, de acuerdo. No pesa. Posee facultades acumulativas alucinantes, sí. Hay gente que va por ahí con las obras completas de Shakespeare como si nada. Se montan en el autobús y resulta que las llevan en el bolsillo. Buena parte de la literatura universal está al alcance de sus dedos con una facilidad obscena. Pueden, además, adecuar el tamaño de la letra a sus necesidades ópticas sin dejarse la vista con esas ediciones de hormiga que andan por ahí. Y muchas otras comodidades que yo desconozco - ya digo que estoy pez-y que el escritor ni siquiera creyó necesario poner encima de la mesa mientras escuchaba, con una sonrisa educada, mi teoría sobre los asuntos no excluyentes.
El libro electrónico está lleno de ventajas y se comerá el mercado, sí, pero no podrá comerse al libro de papel, dije yo, como si estuviera diciendo algo. Es maravilloso llevarse a cualquier parte cientos de novelas con la ligereza de un bocadillo de jamón. Pero una noche nos despertaremos sudorosos, soñándonos en una barca en medio del océano, con toda la lectura almacenada en un aparato que puede ser víctima de un pequeño fallo misterioso y morir en el acto. El peso del libro de papel puede ser un incordio en determinadas ocasiones en las que sin duda usaremos el electrónico, de acuerdo. Pero otras veces querremos la seguridad física del papel. Y también nos gustará sentir el peso del volumen entre las manos. Nos reconfortará irauna librería y llevarnos bajo el brazo un libro bien pesado, de paseo por esta vida tan gaseosa. Incluso dos o tres. Apilarlos luego encima de la mesa y degustar el espacio que ocupan, que también cuenta. Porque el libro tiene casi tanto valor como objeto que como vehículo de lectura, lo sabe todo el mundo. No los tenemos exactamente para leerlos. No sólo. También son un objeto decorativo de primera necesidad. ¿Qué pasará con las paredes de nuestras casas si quitamos las librerías? ¿Nos soportaremos a nosotros mismos, de la mañana a la noche, entre paredes blancas? Y si no, ¿qué haremos? ¿Nos vamos a poner ahora a colgar cuadros?, ¿tapices? ¿Enredaderas interiores?, inquirí, desasosegada ante la sonrisa distraída del escritor que, sin duda, miraba mucho más allá.
Se veía a sí mismo en un futuro cercano donde internet y el libro electrónico le daban al fin la independencia. Y la totalidad de los ingresos de sus obras. Una página web sólo suya, o algo parecido, donde estarán expuestas sus novelas y el lector podrá descargarlas por un precio ajustado a la ligereza y la agilidad del nuevo sistema de compraventa. Sin intermediarios. Así pintaba, sin miramientos, este escritor, un mundo sin libros que yo no alcanzo a imaginar. Por eso aún me esforcé en improvisar un paralelismo con la radio, que logró sobrevivir a la televisión cuando todos la daban por muerta. Pero él dijo que, puestos a hacer comparaciones, era más ajustado pensar en la superioridad del coche frente al caballo. Reducida a este punto ecuestre, fue cuando salí del paso con lo de la apuesta, que al fin y al cabo es a diez años vista. Me apuesto una cena a que dentro de diez años la venta de libros sólo se ha reducido un 15%, solté. Pero no sé ni si lo oyó. Hacía rato que se le notaba poco interesado en la discusión, como con la cabeza en alguna frase de la novela que estuviera escribiendo estos días, o algo así.
Fuente:elconfidencial.comLa pancarta, con fondo amarillo y letras negras, está situada en lo alto de la avenida Revolución, en el Distrito Federal. No ha pasado inadvertida. ¿Quién se anuncia en dicha pancarta? Librerías Gandhi, una de las franquicias nacionales de venta de libros, música, papelería y dvd's más grande del país. ¿La controversia? Ironiza en su mensaje con el bajo índice de lectura en México y el altísimo número de crímenes cometidos. “Si la letra con sangre entra, el país ha de estar leyendo mucho”, reza su eslogan.
Y tanto, porque desde que el actual presidente Felipe Calderón iniciara la guerra contra el narcotráfico en 2006, más de 22.000 personas han muerto de forma violenta. Otra forma de decirlo: en México, cada 48 minutos una persona pierde la vida en un acto relacionado con el crimen organizado y la delincuencia. Esto, unido a las cifras de una encuesta elaborada por la Universidad Autónoma de México (Unam) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), que revela que los mexicanos leen solo tres libros al año, ha sido más que suficiente para sembrar polémica.
Ahora bien, ¿es oportunista o realista el anuncio de Librerías Gandhi? Las respuestas son diversas y variadas. Desde la cuenta de Twitter de la empresa, explican lo siguiente: “Les informamos que el espectacular (pancarta) sí forma parte de nuestra campaña de publicidad 2011. Parte de la personalidad de nuestra marca, que siempre ha sido la de ser un observador social que le preocupa y comenta lo que sucede en nuestro país. La coyuntura que se vive actualmente es muy compleja y lamentablemente violenta. Por lo tanto, nos pareció acertado mencionarlo. Estamos para servirles”.
El Confidencial intentó conocer la decisión de los directivos de Librerías Gandhi de quitar o no el anuncio de la vía pública, pero no obtuvo respuesta. En su cuenta de Facebook abundaban los comentarios en contra y a favor de la campaña, pero han sido borrados en las últimas horas. Algunos afirmaban que ya no iban a comprar en sus tiendas.
Tania Martínez Monroy, estudiante de Máster en Comunicación Estratégica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), cree que la campaña de Gandhi es “muy oportunista por el contexto en el que vivimos. Sin embargo, también soy consciente de que hace explícita, muy crudamente, una realidad del país”. El mensaje publicitario le caló hondo por dos motivos:
“Primero, México está a punto de convertirse en la Colombia de hace años, donde todos vivían con extrema violencia, coches bomba en cualquier lugar y un país sin ley. Y segundo, me dolió leerlo también por la realidad de bajísimo nivel educativo y cultural en el que vivimos. El mexicano promedio no lee ni dos libros al año... pero en el metro, de forma insaciable, está leyendo 'El libro vaquero' (revista pequeña con mujeres sexis y galanes que las rescatan)”.
Los expertos en opinión pública coinciden en que la empresa logró su objetivo: posicionarse en la mente del ciudadano, aunque algunos consideren que no sea ético lucrarse a costa del dolor de las víctimas de la violencia.
Iván Rodríguez Urgel, publicista de Caja Madrid, afirma: “Más que oportunista, creo que es una cuestión de mal gusto, sobre todo hacia aquellas personas que han muerto y sus familiares. Si la causa fuera benéfica, podría debatirse, pero al ser expuesto por un comercio para vender más, suena a mofa”, y añade que el refrán “La letra con sangre entra”, se refiere a que antes se aprendía a base de golpes y no se debería recordar esa forma de enseñanza”.
Los estereotipos de la librería
Las campañas de Librerías Gandhi son motivo de debate. La lingüista y literata Lilí Sanz esboza una crítica semántica en su blog titulada: “La Gandhi: promotor de estereotipos y prejuicios”. Según su criterio, la franquicia pretende vender algo más que libros y música. “Nos restriegan en la cara que no hay lectores en México”. Unos ejemplos destacados por la experta:
- Junto a la fotografía de una mujer, la frase: “Ya no sólo pienso en casarme. Así es leer”
- “El lector: especie en peligro de extinción”
- “Los tontos no van al cielo”
Lilí Sanz concluye que “librería Gandhi sólo difunde y legitima el falso estereotipo del mexicano no lector y el de que leer libros equivale a ser cultos”.
Para Santiago Llobet, empresario y fotógrafo español radicado en México, la campaña de Gandhi es positiva ya “que rompe con toda la publicidad que hay en el país. Los publicistas se atreven con frases que expresan grandes verdades sobre la sociedad que nos rodea. Algunos mensajes como “Mi libro es más grande que el tuyo (libros para hombres)” en un país en el que el machismo está a la orden del día son una mezcla entre publicidad y refrán y no dejan a nadie impasible”.
Llobet recuerda que la publicidad en México sigue siendo muy naïve y “no es tan creativa como la europea o la argentina, por lo que éstos anuncios llaman mucho la atención”.
A José Luis Moro Gamazo, de la Agencia de Publicidad española Remo, el anuncio le gusta mucho. En su opinión, “la forma en la que está redactada la frase, no la convierte en algo frívolo, sino en una invitación a la reflexión, con un ligero atisbo de ironía, puede ser, pero no lo veo fuera de lugar en absoluto. Invitar a la reflexión, incluso sobre los temas más delicados es algo que tiene todo el sentido viniendo de una cadena de librerías”.
Moro Gamazo desconoce si cumplirá sus objetivos, pero su deseo está claro: “Confío en que la gente compre más libros, lea más y mate menos”. Por su parte, Santiago Llobet se muestra incrédulo respecto a la consecución de los fines: “Aparte de hacer sonreír y reflexionar, dudo mucho que provoquen que la gente lea más, porque las estadísticas reflejan que en México la gente lee menos de un libro al año y eso cuesta mucho de cambiar”.
“La oportunista es la violencia”
La periodista y editora del diario mexicano Excélsior, Elia Baltazar, no considera la campaña para nada oportunista: “¡La oportunista es la violencia!”, exclama. Lo que le preocupa, además, es la tentación que nota por soterrar las reacciones frente a la violencia. “Es decir, no criticamos la violencia sino a quien habla de ella o la aborda desde cualquier espacio”.
Para la escritora mexicana, Sandra Lorenzano, “el anuncio es muy crítico, lo que nos obliga a no olvidar la terrible situación de violencia que estamos viviendo. Pero lo hace con ironía, con sarcasmo. El objetivo del anuncio no parece ser aumentar la venta de libros, sino buscar la complicidad de los lectores más conscientes y críticos”.
Más allá del marketing legítimo de una empresa, la población de México está invitada a la reflexión, porque como dijo el político Mahatma Gandhi, que presta su nombre a la cadena de librerías, “Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia”, incluida la afición a la lectura que entra con sangre...
Bigas Luna, sobre Un pequeño problema de Ana Viladomiu:«Una delicia. El placer de la lectura. Amistad y sensualidad. ¡Bravo, Ana!»